Seis conferencias dictadas por el Profesor Ludwig von Mises en Buenos Aires, Argentina, en 1959 – Inflación

Estamos presentando el ciclo de 6 conferencias dictadas por el Profesor Ludwig von Mises en 1959 en Buenos Aires, Argentina. La cuarta conferencia:

Inflación

Si la provisión de caviar fuera tan abundante como la provisión de papas, el precio del caviar – esto es el tipo de intercambio entre el caviar y el dinero o entre el caviar y otros productos – cambiaría considerablemente. En este caso se podría obtener caviar a un sacrificio menor que el que se requiere actualmente. De la misma manera, si se incrementa la cantidad de dinero, el poder de compra de la unidad monetaria se reduce, y la cantidad de bienes que puede obtenerse por una unidad de esa moneda también se reduce.

Cuando, en el Siglo XVI, los depósitos de oro y plata en América fueron descubiertos y explotados, enormes cantidades de los metales preciosos fueron transportadas a Europa.

El resultado de este incremento en la cantidad de dinero fue una tendencia general a un movimiento hacia arriba de los precios en Europa. De la misma manera, en la actualidad, cuando un gobierno incrementa la cantidad de papel moneda, el resultado es que el poder de compra de la unidad de moneda comienza a caer, y los precios a subir. Esto es denominado inflación. Desgraciadamente, en los EEUU, como así también en otros países, la gente prefiere atribuir la causa de la inflación no al incremento de la cantidad de moneda sino, más bien, al incremento de los precios.

Sin embargo, nunca ha habido algún argumento serio contra la interpretación económica de la relación entre los precios y la cantidad de moneda, o el tipo de intercambio entre el dinero y otros bienes, productos y servicios. Bajo las actuales condiciones tecnológicas, nada hay más fácil que producir pedazos de papel sobre los cuales se imprimen ciertas cantidades monetarias. En los EEUU, donde todos los billetes son del mismo tamaño, no le cuesta más al gobierno imprimir un billete de mil dólares que imprimir un billete de un dólar. Se trata meramente de un procedimiento de impresión que requiere la misma cantidad de papel y tinta.

En el Siglo XVIII, cuando se hicieron los primeros intentos de emitir billetes de banco y de otorgar a estos billetes de banco la característica de curso legal – esto es, el derecho de ser aceptados en las transacciones de intercambio de la misma manera en que eran aceptadas las piezas de oro y de plata – los gobiernos y las naciones creyeron que los banqueros tenían algún conocimiento secreto que les permitía – de la nada – producir riqueza. Cuando los gobiernos del Siglo XVIII se encontraban en dificultades financieras, pensaban que lo único que necesitaban era un banquero inteligente a la cabeza de su administración financiera para deshacerse de las dificultades.

Algunos años antes de la Revolución Francesa, cuando la realeza de Francia estaba en problemas financieros, buscó un banquero así de inteligente y lo designó en una alta posición. Este hombre era, en todos los aspectos, lo opuesto de la gente que, hasta ese momento, había gobernado Francia. Primero que todo, no era un francés, era un extranjero – un suizo de Ginebra – Jacques Necker. Segundo, no era un miembro de la aristocracia, era un hombre del común. Y lo que era aún más importante en la Francia del Siglo XVIII, no era católico, era protestante. Y así, Monsieur Necker, el padre de la famosa Madame de Staël, se convirtió en el Ministro de Finanzas, y todos esperaban que él resolviera los problemas financieros de Francia. Pero a pesar del altísimo grado de confianza que disfrutaba Monsieur Necker, el tesoro real permanecía vacío; el mayor error de Monsieur Necker había sido su intento de financiar la ayuda a los colonos Norte Americanos en su guerra de independencia contra Inglaterra, sin aumentar los impuestos.

Este era ciertamente el camino equivocado para acometer la solución de las dificultades financieras de Francia.

No existe un camino secreto para la solución de los problemas financieros de un gobierno; si necesita dinero, tiene que obtener el dinero gravando con impuestos a sus ciudadanos (o, bajo condiciones especiales, tomando préstamos de la gente que tenga el dinero) Pero muchos gobiernos, podríamos decir casi todos los gobiernos, piensan que hay otro método para obtener el dinero que necesitan: simplemente imprimirlo.

Si el gobierno desea hacer algo beneficioso – si, por ejemplo, desea construir un hospital – la manera de encontrar el dinero que necesita para este proyecto es gravar con impuestos a los ciudadanos y construir el hospital con los ingresos provenientes de los impuestos. Y entonces no ocurrirá ninguna ‘revolución de precios’ ya que cuando el gobierno cobra el dinero para la construcción del hospital, los ciudadanos – habiendo pagado los impuestos – están forzados a reducir sus gastos. El contribuyente está forzado a reducir ya sea sus consumos, sus inversiones o sus ahorros. El gobierno, apareciendo en el mercado como un comprador, reemplaza al ciudadano: el individuo compra menos, pero el gobierno compra más. El gobierno, desde luego, no siempre compra los mismos bienes que los ciudadanos habrían comprado, pero en promedio no existe incremento alguno en los precios debido a que el gobierno construya un hospital. Elijo este ejemplo porque la gente a veces dice: ‘Hay una diferencia si el gobierno usa su dinero para buenos o malos fines’ Deseo suponer que el gobierno siempre usa el dinero que ha impreso con los mejores fines – fines con los cuales todos estamos de acuerdo. Pero no es la manera en que el dinero es utilizado, sino la forma en que el dinero es obtenido, lo que provoca esas consecuencias que llamamos inflación y que la mayor parte de la gente en el mundo actualmente no considera beneficiosa.

Por ejemplo, sin inflar la cantidad de dinero, el gobierno podría usar el dinero proveniente de impuestos para tomar nuevos empleados o para aumentar los sueldos de aquellos que ya están al servicio del gobierno. Entonces esta gente, cuyos salarios han sido incrementados, están en posición de comprar más- Cuando el gobierno grava con impuestos a los ciudadanos y usa ese dinero para aumentar los sueldos de los empleados del gobierno, los contribuyentes tienen menos para gastar, y los empleados públicos tienen más. Los precios, en general, no se incrementarán.

Pero si el gobierno no usa el dinero proveniente de impuestos para este objetivo, y si en cambio usa dinero recién impreso, significa que habrá gente que ahora tiene más dinero en tanto que otra gente tendrá la misma cantidad que tenía antes. Así, aquellos que recibieron el dinero recién impreso estarán compitiendo con aquella gente que ya antes era compradora. Y dado que no hay más productos que los que existían antes pero hay más dinero en el mercado – y dado que hay ahora gente que hoy puede comprar más que lo que podría haber comprado ayer – habrá una demanda adicional por la misma cantidad de bienes. Como consecuencia, los precios tenderán a subir. Esto no puede evitarse, no importa el uso que se le dé a este dinero recién emitido. Y más importante aún, esta tendencia de los precios de ir hacia arriba se desarrollará paso a paso; no es un movimiento general hacia arriba de lo que ha sido denominado ‘nivel de precios’. La expresión metafórica ‘nivel de precios’ nunca debe usarse. Cuando la gente habla de un ‘nivel de precios’ piensa en la imagen del nivel de un líquido que va hacia arriba o hacia debajo de acuerdo con el aumento o reducción de su cantidad, pero que, como el líquido en un tanque, siempre sube uniformemente. Pero en los precios no existe tal cosa como un ‘nivel’. Los precios no cambian con la misma amplitud y en el mismo momento. Siempre hay precios que cambian más rápidamente, subiendo o bajando más rápidamente que otros precios. Y existe una razón para ello.

Considere el ejemplo del empleado público que recibió ese nuevo dinero agregado al dinero circulante. La gente no compra hoy precisamente los mismos bienes y en las mismas cantidades en que lo hizo ayer. El dinero adicional que el gobierno imprimió e introdujo en el mercado no es utilizado para comprar todos los bienes y servicios. Es utilizado para la compra de ciertos bienes, cuyos precios subirán, mientras que otros productos se mantendrán en los mismos precios vigentes antes que el nuevo dinero fuera puesto en el mercado. Por ello, cuando la inflación comienza, diferentes grupos dentro de la población son afectados por esta inflación en forma diferente. Aquellos grupos que consiguen el nuevo dinero son los primeros en ganar un beneficio temporario.

Cuando el gobierno infla la cantidad de dinero para librar una guerra, tiene que comprar municiones, y los primeros en obtener el dinero adicional son los fabricantes de municiones y los trabajadores de esas industrias. Estos grupos están ahora en una posición muy favorable. Tienen mayores ganancias y mayores sueldos; su negocio se mueve. ¿Por qué? Porque ellos fueron los primeros en recibir el dinero adicional. Y teniendo ahora más dinero a su disposición, están comprando. Y están comprando a otra gente que está fabricando y vendiendo los productos que desean estos fabricantes de municiones. Esta otra gente forma un segundo grupo. Y este segundo grupo considera a la inflación como muy buena para los negocios. ¿Por qué no? ¿No es maravilloso vender más? Por ejemplo, dice el propietario de un pequeño restaurante en la vecindad de una fábrica de municiones: ‘¡Es realmente fabuloso! Los trabajadores de la fábrica de municiones tienen más dinero, hay muchos más trabajadores ahora que antes, todos vienen a mi restaurante. Estoy muy feliz por eso’. No ve razón alguna para pensar de otra manera.

Esta es la situación: aquella gente a quien el dinero llega primero ahora tiene un mayor ingreso y todavía pueden comprar muchos productos y servicios a precios que corresponden a la anterior situación del mercado, la situación que existía al comienzo de la inflación. Por consiguiente están en una posición favorable. Y así la inflación continúa paso a paso, de un grupo de la población a otro. Y todos aquellos a quienes el dinero adicional les llega al principio de la situación inflacionaria se benefician, porque están comprando algunas cosas a precios todavía correspondientes a la fase previa del tipo de intercambio entre el dinero y los bienes.

Pero existen otros grupos en la población a quienes este dinero adicional les llega mucho, mucho más tarde. Esta gente está en una posición desfavorable. Antes que ese dinero adicional les llegue, están forzados a pagar mayores precios que los que pagaban antes por algunos – o por prácticamente todos – los productos que desean comprar en tanto que su ingreso ha continuado siendo el mismo, o no se ha incrementado proporcionalmente con los precios Considere, por ejemplo, un país como los EEUU durante la Segunda Guerra Mundial; por un lado, la inflación de esa época favoreció a las industrias fabricantes de municiones, los fabricantes de armas, los trabajadores de esas empresas, mientras que por otro lado operó en contra de otros grupos de la población. Y los que sufrieron las mayores desventajas por la inflación fueron los maestros y los ministros religiosos.

Como saben, un ministro religioso es una persona muy modesta que sirve a Dios y no debe hablar demasiado sobre el dinero. Los maestros, asimismo, son personas muy dedicadas quienes se supone deben pensar más sobre la educación de los jóvenes que sobre sus salarios. Por consiguiente, los maestros y los ministros religiosos, estuvieron entre aquellos que fueron más penalizados por la inflación, ya que las diferentes escuelas e iglesias fueron los últimos en darse cuenta que debían subir los sueldos. Cuando los consejeros de las iglesias y las entidades escolares finalmente descubrieron que, después de todo, también debían aumentarse los salarios de esa gente tan dedicada, las pérdidas anteriores que habían sufrido quedaron sin solucionar.

Por un largo tiempo, tuvieron que comprar menos que lo que compraban antes, reducir su consumo de alimentos mejores y más costosos, restringir su compra de ropa, ya que los precios se habían ajustado hacia arriba, en tanto que sus ingresos, sus salarios, no habían sido todavía aumentados (Esta situación ha cambiado considerablemente en la actualidad, por lo menos para los maestros) Por lo tanto, existen siempre diferentes grupos en la población afectados en forma diferente por la inflación. Para algunos de ellos, la inflación no es tan mala; más aún, piden que continúe porque son los primeros en obtener provecho de ella. Veremos en la próxima conferencia cómo esta desigualdad en las consecuencias de la inflación afecta vitalmente las políticas que llevan hacia la misma.

Bajo estos cambios provocados por la inflación, tenemos grupos que son favorecidos por la misma y grupos de ‘especuladores’, que están directamente especulando. No uso el término ‘especulador’ como un reproche a esta gente, ya que si a alguien debe responsabilizarse, es al gobierno, que estableció la inflación. Y siempre hay grupos que favorecen la inflación, porque se dan cuenta de lo que sucede más rápidamente que el resto de la gente. Sus ganancias especiales se deben al hecho que necesariamente habrá desigualdad en el proceso inflacionario.

El gobierno puede pensar que la inflación – como método de allegar fondos – es mejor que gravar con impuestos que siempre es impopular y dificultoso. En muchas naciones ricas y grandes los legisladores han a menudo discutido, por meses y meses, las diferentes formas de nuevos impuestos que se volvían necesarios ya que el parlamento había decidido incrementar los gastos. Habiendo discutido diferentes métodos de obtener el dinero por medio de impuestos, finalmente decidían que quizás era mejor hacerlo por medio de la inflación.

Pero desde ya la palabra ‘inflación’ no era utilizada. El político en el poder que avanza hacia la inflación no anuncia: ‘Estoy avanzando hacia la inflación’ Los métodos técnicos para lograr la inflación son tan complicados que el ciudadano común no se da cuenta que la inflación ha empezado.

Una de las mayores inflaciones en la historia ocurrió en el Reich Alemán después de la Primera Guerra Mundial. La inflación no fue tan importante durante la guerra; fue la inflación después de la guerra lo que provocó la catástrofe. El gobierno no dijo: ‘Estamos avanzando hacia la inflación’ El gobierno simplemente tomó dinero prestado, muy indirectamente, del banco central. El gobierno no tenía que preguntar cómo el banco central encontraría y entregaría el dinero. El banco central simplemente lo imprimió.

En la actualidad las técnicas para realizar la inflación se complican por el hecho que existe el dinero de chequera. Supone otras técnicas, pero el resultado es el mismo. De un plumazo el gobierno crea dinero por decreto (fiat money), aumentando así la cantidad de dinero y crédito. Simplemente el gobierno emite una orden, y el dinero por decreto aparece.

Al gobierno no le preocupa, al principio, que algunas personas pierdan, no le preocupa que los precios se vayan para arriba. Los legisladores dicen: ‘¡Este es un sistema maravilloso!’ Pero este sistema maravilloso tiene una debilidad fundamental: no puede durar. Si la inflación pudiera seguir eternamente, no tendría sentido indicar a los gobiernos que no deben inflar la cantidad de dinero. Pero la verdad sobre la inflación es que, tarde o temprano, debe terminar. Es una política que no puede durar.

En el largo plazo la inflación termina destruyendo la moneda; se llega a una catástrofe, a una situación como la Alemania en 1923. El 1º de Agosto de 1914 el valor del dólar era de cuatro marcos y veinte pfennings. Nueve años y tres meses más tarde, en Noviembre de 1923, el valor del dólar era 4,2 trillones de marcos. En otras palabras, el marco no valía nada, nunca más tuvo algún valor.

Hace algunos años, un famoso autor, John Maynard Keynes, escribió: ‘En el largo plazo, estamos todos muertos’ Tengo el pesar de decirles que esto ciertamente es verdad. Pero la pregunta es ¿cuán corto o largo será el corto plazo? En el Siglo XVIII existió una famosa dama, Madame de Pompadour, a quien se le atribuye el dicho: ‘Après nous le déluge’ (‘Después de nosotros el diluvio’) Madame de Pompadour tuvo la suerte de morirse en el corto plazo. Pero su sucesora en el puesto, Madame du Barry, sobrevivió el corto plazo y fue guillotinada en el largo plazo. Para mucha gente el ‘largo plazo’ rápidamente se convierte en el ‘corto plazo’ – y el mayor tiempo que continúe la inflación, más rápido se cumplirá el ‘corto plazo’.

¿Cuánto puede durar el ‘corto plazo’? ¿Durante cuánto tiempo puede un banco central continuar con la inflación? Probablemente todo el tiempo que la gente continúe convencida que el gobierno, tarde o temprano, pero ciertamente no demasiado tarde, dejará de imprimir dinero y de ese modo detendrá la reducción del valor de la unidad de moneda.

Cuando la gente no crea más en ello, cuando se den cuenta que el gobierno seguirá y seguirá sin intención alguna de detenerse, entonces comenzarán a entender que mañana los precios serán más altos que hoy. Entonces comenzarán a comprar a cualquier precio, haciendo que los precios suban a tales alturas que el sistema monetario se destroza.

Me refiero al caso de Alemania, que el mundo entero estaba observando. Muchos libros han descrito los eventos de esa época (Aunque yo no soy alemán, sino austriaco, pude ver todo desde adentro: en Austria, las condiciones no eran muy diferentes de las de Alemania, ni eran muy diferentes en muchos otros países europeos) Por varios años el pueblo alemán creyó que su inflación era un asunto temporario, que pronto terminaría. Lo creyeron por casi nueve años, hasta el verano de 1923. Entonces, finalmente, empezaron a dudar. Como la inflación continuaba, la gente pensó que era más prudente comprar cualquier cosa disponible en lugar de guardar el dinero en sus bolsillos. Además razonaron que no se debía dar préstamos en dinero, sino que era una buena idea ser un deudor. Y así la inflación continuaba alimentándose a sí misma.

Y la inflación continuó en Alemania hasta, exactamente, el 20 de Noviembre de 1923. Las masas habían creído que el dinero inflacionario era dinero real, pero entonces hallaron que las condiciones habían cambiado. Hacia el final de la inflación alemana, en el otoño de 1923, las fábricas alemanas pagaban a sus trabajadores, cada mañana, por adelantado, el salario del día. Y el trabajador, que llegaba a la fábrica con su esposa, le entregaba inmediatamente su salario – todos los millones que le pagaban. Y la señora inmediatamente iba a una tienda a comprar alguna cosa, sin importar qué. Ella se daba cuenta lo que la mayor parte de la gente ya sabía en ese momento – que durante la noche, de un día para el otro, el marco perdía el 50% de su poder de compra. El dinero, como el chocolate en un horno caliente, se derretía en los bolsillos de la gente. Esta última fase de la inflación alemana no duró mucho tiempo; después de unos pocos días, toda la pesadilla se había terminado: el marco no tenía valor y debió crearse una nueva moneda.

Lord Keynes, el mismo que dijo que en el largo plazo todos estamos muertos, fue uno de una larga lista de autores inflacionistas del Siglo XX. Todos escribieron contra el valor oro (gold standard – equivalente de la moneda en oro) Cuando Keynes atacó el valor oro, lo llamó una ‘reliquia bárbara’. Y la mayor parte de la gente actualmente considera ridículo hablar de una vuelta al valor oro. En los EEUU, por ejemplo, se considera que uno es un soñador si dice: ‘Más tarde o más temprano los EEUU deberán retornar al gold standard’ Pero el gold standard tiene una virtud tremenda: la cantidad de dinero bajo el gold standard es independiente de las políticas de los gobiernos y de los partidos políticos. Ésta es su ventaja. Es una forma de protección contra los gobiernos despilfarradores. Si, bajo el gold standard, a un gobierno se le requiere gastar dinero para algo nuevo, el ministro de finanzas puede decir: ‘Y donde consigo el dinero? Dígame, primero, como haré para encontrar el dinero para este gasto adicional’ Bajo un sistema inflacionario, nada es más simple de hacer para los políticos que ordenar a la imprenta del gobierno proveerles cuanto dinero necesiten para sus proyectos. Bajo un gold standard, un gobierno sano tiene una mejor oportunidad; sus líderes pueden decirle al pueblo y a los políticos: ‘No podemos hacerlo a menos que subamos los impuestos’. Pero bajo condiciones inflacionarias, la gente adquiere el hábito de considerar al gobierno como una institución con medios ilimitados a su disposición: el estado, el gobierno, puede hacer cualquier cosa. Si, por ejemplo, la nación desea un nuevo sistema de carreteras, se espera que el gobierno lo construya. Pero ¿dónde obtendrá el dinero el gobierno? Uno podría decir que en los EEUU hoy – y aún en el pasado bajo McKinley – el partido Republicano estaba más o menos a favor del dinero sano y del gold standard, y el partido Demócrata estaba a favor de la inflación, desde ya no la inflación de papel, sino la inflación metálica, de la plata.

Fue, sin embargo un presidente Demócrata de los EEUU, el Presidente Cleveland, quien hacia fines de los 1880s vetó una decisión del Congreso de dar una pequeña suma – alrededor de u$s 10.000 – para ayudar a una comunidad que había sufrido un cierto desastre. Y el Presidente Cleveland justificó su veto escribiendo: ‘En tanto es el deber de los ciudadanos mantener al gobierno, no es el deber del gobierno mantener a los ciudadanos’ Esto es algo que cada estadista debería escribir en la pared de su oficina para mostrarle a la gente que llega pidiendo dinero.

Estoy algo avergonzado por la necesidad de simplificar estos problemas. Hay tantos problemas complejos en el sistema monetario, y yo no hubiera escrito volúmenes sobre ellos si fueran tan simples como estoy describiéndolos aquí. Pero los conceptos fundamentales son precisamente éstos: si incrementa la cantidad de moneda, provoca la reducción del poder de compra de la unidad monetaria. Esto es lo que no le gusta a la gente cuyos asuntos privados son desfavorablemente afectados. La gente que no se beneficia de la inflación, es la gente que se queja.

Si la inflación es perjudicial, y la gente se da cuenta de ello, ¿por qué se ha convertido casi en una forma de vida en todos los países? Aún algunos de los más ricos países sufren esta enfermedad. Los EEUU son, en la actualidad, el más rico país del mundo, con el más alto nivel de vida. Cuando se viaja por los EEUU, se descubre que hay una constante conversación sobre la inflación y la necesidad de detenerla. Pero solamente hablan, no actúan.

Para darles solamente algunos hechos: después de la Primera Guerra Mundial, Gran Bretaña retornó a la paridad de la libra en oro que tenía antes de la guerra. Esto es, revaluó la libra hacia arriba. Esto incrementó el poder de compra de los salarios de todos los trabajadores. En un mercado libre, sin trabas, el salario nominal en dinero debería haber caído para compensar esto, y el salario real de los trabajadores no habría sufrido.

No nos da el tiempo aquí para discutir las razones de este aserto. Pero los sindicatos en Gran Bretaña no estaban deseosos de aceptar un ajuste hacia abajo de los niveles en dinero de los salarios en razón del aumento del poder de compra. En consecuencia, los salarios reales aumentaron considerablemente por estas medidas monetarias. Esta fue una seria catástrofe para Gran Bretaña, ya que este país es predominantemente un país industrial, que debe importar sus materias primas, productos a medio elaborar y alimentos para poder vivir, y tiene que exportar productos manufacturados para poder pagar dichas importaciones. Con el incremento del valor internacional de la libra, los precios de las mercaderías británicas crecieron en los mercados extranjeros y las ventas y exportaciones declinaron. Gran Bretaña, en efecto, había establecido sus precios fuera del mercado mundial.

Los sindicatos no podían ser derrotados. Todos conocen el poder de un sindicato en la actualidad. Tiene el derecho, prácticamente el privilegio, de recurrir a la violencia. Y una orden del sindicato es, por lo tanto, digamos no menos importante que un decreto gubernamental. El decreto del gobierno es una orden para cuyo cumplimiento se encuentra disponible el aparato estatal, la policía. Deben obedecerse los decretos del gobierno, de lo contrario se tendrán dificultades con la policía. Lamentablemente, tenemos hoy – en casi todos los países del mundo – un segundo poder que tiene la posibilidad de ejercitar la fuerza: los sindicatos obreros. Los sindicatos establecen salarios y luego hacen una huelga para ponerlos en práctica en la misma manera en que el gobierno puede decretar un nivel de salario mínimo. No discutiré ahora la cuestión de los sindicatos, lo haré después. Sólo deseo dejar establecido que es la política de los sindicatos incrementar los salarios a niveles por encima de los niveles que tendrían en un mercado libre, sin trabas. Como resultado, una parte considerable de la potencial fuerza laboral puede ser empleada solamente por gente o industrias que estén dispuestas a sufrir pérdidas. Y, dado que los negocios no pueden mantenerse sufriendo pérdidas, cierran sus puertas y los empleados se convierten en desempleados. El establecer niveles de salarios por arriba del nivel que tendrían en un mercado libre y sin trabas resulta siempre en el desempleo de una parte considerable de la potencial fuerza laboral.

En Gran Bretaña, el resultado de los altos niveles de salarios, forzados por los sindicatos, fue un perdurable desempleo, prolongado año tras año. Millones de trabajadores estaban sin empleo, los volúmenes de producción caían. Inclusive los expertos estaban perplejos.

En esta situación el gobierno Británico tomó una decisión que consideró una medida indispensable, de emergencia: devaluó su moneda.

El resultado fue que el poder de compra de los salarios en dinero, sobre los cuales los sindicatos habían insistido, no era más el mismo. Los salarios reales, los salarios medidos en bienes, quedaron reducidos. Ahora al trabajador no le era posible comprar todo lo que le había sido posible comprar antes, aún cuando el salario nominal permanecía en el mismo nivel. De esta manera, se pensó, los salarios reales retornarían a los niveles de un mercado libre y el desempleo desaparecería.

Esta medida – la devaluación – por otros países como Francia, Holanda y Bélgica. Un país, inclusive, recurrió a esta medida dos veces en el período de un año y medio. Ese país era Checoslovaquia. Era un método subrepticio, digamos, para frustrar el poder de los sindicatos. Pero, sin embargo, no podría llamársele un éxito real.

Pocos años después, la gente, los trabajadores, aún los sindicatos, comenzaron a entender lo que estaba sucediendo. Llegaron a entender que la devaluación de la moneda había reducido sus salarios reales. Los sindicatos tenían el poder para oponerse a esto.

En muchos países insertaron una cláusula en los contratos laborales en el sentido que los salarios en dinero deben incrementarse automáticamente con el incremento registrado en los precios. A esto se lo denomina indexación. Los sindicatos se hicieron conscientes de los índices. Y así, este método de reducir el desempleo, que el gobierno de Gran Bretaña comenzó en 1931, y que fue luego adoptado por casi todos los gobiernos importantes, éste método de ‘resolver el desempleo’ hoy ya no funciona.

En 1936, en su Teoría General de Empleo, Interés y Dinero, Lord Keynes lamentablemente elevó este método – las medidas de emergencia del período entre 1929 y 1933 – a la categoría de principio, de un fundamental sistema de política. Y lo justificó, en efecto, diciendo: ‘El desempleo es malo. Si desea que el desempleo desaparezca, debe incrementar la cantidad de moneda’ Entendía muy bien que los niveles de los salarios pueden ser demasiado altos para el mercado, esto es, demasiado altos para hacer rentable a un empleador incrementar su fuerza laboral, por lo tanto demasiado altos desde el punto de vista del total de la población laboral, dado que con niveles de salarios por arriba del nivel de mercado impuestos por los sindicatos, solamente una parte de los que están ansiosos por ganar un sueldo, puedan obtener un trabajo.

Y Keynes, en efecto, dijo: ‘Ciertamente, el desempleo masivo, prolongado año tras año, es una muy insatisfactoria condición’ Pero en vez de sugerir que los niveles de los salarios podían y debían ser ajustados a las condiciones del mercado, en realidad dijo: ‘Si uno devalúa la moneda y los trabajadores no son suficientemente inteligentes para darse cuenta, no ofrecerán resistencia contra una caída en los niveles de los salarios reales, en tanto los niveles de salarios nominales permanezcan iguales’ En otras palabras, Lord Keynes decía que si una persona obtiene hoy el mismo monto en libras esterlinas que el que obtenía antes que la moneda fuera devaluada, no se daría cuenta que, de hecho, ahora está obteniendo menos.

En lenguaje un poco chapado a la antigua, Keynes proponía engañar a los trabajadores.

En vez de declarar abiertamente que los niveles de los salarios deben ser ajustados a las condiciones del mercado – porque, si no lo son, una parte de la fuerza laboral inevitablemente quedará desocupada – dijo en efecto: ‘El ‘pleno empleo’ sólo puede alcanzarse si tiene inflación. Engañe a los trabajadores’ El aspecto más interesante, sin embargo, es que cuando la Teoría General fue publicada, ya no era posible engañar, pues la gente se había vuelto consciente de los índices. Pero permanecía el objetivo de ‘pleno empleo’. ¿Qué significa ‘pleno empleo’? Tiene que ver con un mercado libre y sin trabas, que no sea manipulado por los sindicatos o por el gobierno. En este tipo de mercado, el nivel de salario para cada tipo de tarea tiende a llegar a un punto en el cual todo aquel que desea un trabajo puede obtenerlo y cada empleador puede contratar tantos trabajadores como necesite. Si hay un incremento en la demanda de trabajadores, el nivel de salarios tenderá a ser más alto, y si se necesitan menos trabajadores, el nivel del salario tenderá a caer.

El único método por el cual puede obtenerse una situación de ‘pleno empleo’ es a través del mantenimiento de un mercado laboral libre, sin trabas. Esto es válido tanto para todo tipo de trabajo como para todo tipo de mercadería.

Qué hace un empresario que desea vender cierta mercadería por cinco dólares la unidad? Cuando no puede venderla a ese precio, el término técnico de negocios en los EEUU es ‘el inventario no se mueve’ Pero debe moverse. No puede retener mercaderías porque debe comprar algo nuevo ya que la moda está cambiando. Entonces vende a un precio más bajo. Si no puede vender la mercadería por cinco dólares, debe venderla por cuatro. Si no puede venderla por cuatro, debe venderla por tres. No tiene otra alternativa en tanto permanezca en el negocio. Puede que sufra pérdidas pero estas pérdidas se deben al hecho que su previsión del mercado para su producto, era errónea.

Lo mismo sucede con miles y miles de jóvenes que cada día vienen de los distritos rurales y llegan a las ciudades con el ánimo de ganar dinero. Así sucede en todas las naciones industriales. En los EEUU vienen a la ciudad con la idea de ganar, digamos, cien dólares a la semana. Así, si un hombre no puede conseguir un trabajo por cien dólares a la semana, debe tratar de obtener un trabajo por noventa u ochenta dólares a la semana, o aún menos. Pero si dijera – como los sindicatos dicen – ‘cien dólares a la semana o nada’ probablemente permanezca desempleado. (A muchos no les preocupa estar desempleados dado que el gobierno les paga beneficios por desempleo – que salen de gravámenes especiales impuestos a los empleadores – que son a veces casi tan altos como los salarios que el hombre recibiría si estuviera empleado) Dado que un cierto grupo de gente cree que el ‘pleno empleo’ puede ser alcanzado solamente con inflación, la inflación es tolerada en los EEUU. Pero la gente empieza a discutir esta cuestión: deberíamos tener una moneda sólida con desempleo o inflación con ‘pleno empleo’? Este es – de hecho – un análisis malicioso.

Para enfrentar este problema debemos hacernos esta pregunta: ¿cómo puede uno mejorar la condición de los trabajadores y de todos los otros grupos de la población? La respuesta es: a través del mantenimiento de un mercado laboral libre, sin trabas y así alcanzar el ‘pleno empleo’. Nuestro dilema es, ¿será el mercado que determine el nivel de los salarios o serán determinados por la presión y la compulsión de los sindicatos? El dilema no es, ¿‘tendremos inflación o desempleo’? Este equivocado análisis del problema es usado como argumento en Inglaterra, en los países industrializados de Europa y aún en los EEUU. Y alguna gente dice: ‘Veamos, aún los EEUU están produciendo inflación. ¿Por qué no podemos también nosotros hacerlo’? A esta gente, antes que nada, debería responderle: ‘Uno de los privilegios del hombre rico es que puede permitirse el lujo de ser tonto por más tiempo que el hombre pobre’ Y esta es la situación en los EEUU. La política financiera de los EEUU es muy mala y se está volviendo peor. Quizás los EEUU pueden darse el lujo de ser tontos por un poco más de tiempo que otros países.

La cosa más importante para recordar es que la inflación no es un acto de Dios; la inflación no es una catástrofe de la naturaleza ni una enfermedad que llega como una plaga. La inflación es una política – una política deliberada de la gente que recurre a la inflación porque consideran que es un mal menor que el desempleo. Pero el hecho es que, en el no muy largo plazo, la inflación no cura el desempleo.

La inflación es una política. Y una política puede ser cambiada. Por lo tanto no hay razón alguna para rendirnos ante la inflación. Si uno considera que la inflación es un mal uno tiene que parar de provocarla. Se debe balancear el presupuesto del gobierno. Desde luego, la opinión pública debe dar soporte a esta acción; los intelectuales deben ayudar a la gente a entender el problema. Si se obtiene el soporte de la opinión pública, desde ya que es posible – para los representantes elegidos por el pueblo – abandonar las políticas inflacionarias. Debemos recordar que en el largo plazo puede que estemos todos muertos, y ciertamente lo estaremos. Pero debemos arreglar nuestros asuntos terrenales – para el corto plazo en que nos toca vivir – de la mejor manera posible. Y una de las medidas necesarias para ese objetivo es abandonar las políticas inflacionarias.

 

 

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Seguidor del gran Filósofo Libertario el Dr Hans-Hermann Hoppe
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