¿Qué sabemos acerca de los bancos? – Parte II

Por Sergei D. Lozovoi-Koscheev 

Publicado en Inglés el Lunes 26 de Noviembre de 2007 11:22 AM

El sistema bancario no ha sido siempre lo que es ahora. Y por supuesto no es de extrañar. Sin embargo, el hecho de parecer más sofisticado no significa necesariamente progreso. En realidad es otra cosa. ¿Qué es lo que realmente sabemos acerca de los bancos?

Resumen de la primera parte
En primer lugar, me gustaría resumir la esencia de la primera parte de manera que sea útil para este artículo. Recordará usted nuestro escenario simplificado en el que, en la economía, se gasta más dinero del que naturalmente existe. Cuando usted o cualquier otra persona en nuestro escenario pagaban con tarjeta crédito, lo que ocurría era el intercambio de las mercancías por un “recibo de efectivo“: recuerde que cada vez que usted paga con tarjeta crédito tiene que firmar una nota de “recibo de efectivo“, efectivo está siendo creado y autorizado por usted. Si no tuviera tarjetas crédito, por ejemplo, giraría un documento bancario, a cambio del efectivo depositado en su cuenta, un cheque, que endosaría a la otra persona.

El hecho descrito en la primera parte, dicho de otro modo, es el siguiente: el volumen de “recibos de efectivo” no es igual a la cantidad física de dinero en efectivo (nunca jamás).

Una vez más, no es el propósito de esta nota explicar una verdad generalmente aceptada sino que, más bien, se trata de cuestionar porqué el hecho mencionado es considerado como una verdad de aceptación general.

Circulación, liquidez y banco central
Una importante consecuencia del hecho descrito anteriormente es que el sistema bancario sigue funcionando (y sus cuentas con tarjeta crédito se pagan, lo que es lo mismo que decir que los “recibos de efectivo” se intercambian por unidades físicas de dinero), como ustedes recordarán, debido solamente a que las unidades físicas de efectivo se mueven constantemente dentro del sistema a fin de que cada banco tenga la oportunidad de utilizar el dinero de otras personas para poder proveer, a cada cliente, el dinero en efectivo que en particular necesita. A este movimiento de unidades físicas de dinero se le llama circulación (del dinero).

La liquidez se define en función de que tan bien circula el dinero por todo el sistema para garantizar la tramitación ininterrumpida de las necesidades de efectivo en cada momento en el tiempo. Se determina que existe un problema de “liquidez” cuando existe el peligro de interrupción de la circulación (por ejemplo, cuando los deudores no pagan a tiempo sus préstamos). En caso que la circulación se perturbe de tal manera que el banco se encuentre imposibilitado para satisfacer las necesidades de efectivo de sus clientes, este banco, en ese instante, se convierte en insolvente. Sobra decir cuáles podrían ser las consecuencias de tal insolvencia para el banco.

No es difícil comprender que los bancos estén integrados en un sistema y que su liquidez (y por tanto su solvencia) dependa de la de otros bancos y entidades participantes, es decir, que cada banco en particular dependa de la circulación del dinero y que cada uno de ellos tenga interés en asegurar una circulación ininterrumpida. Este es precisamente el papel de los bancos centrales: proporcionar un mecanismo de coordinación en esta búsqueda de una circulación ininterrumpida del dinero efectivo. No debemos ilusionarnos con que el principal objetivo del banco central es la estabilidad financiera, en realidad sólo quiere garantizar la circulación ininterrumpida del dinero. Simplemente dicho, el banco central está allí para ayudar a los otros bancos a ocultar el proceso de robo constante, en la medida en que realmente se compromete a prestar dinero a los bancos cuando hay un riesgo inminente de falla en la circulación (también conocido como “necesidad de una inyección de liquidez” en el sistema, y en ejercicio de esta función, al banco central se le denomina “prestamista de última instancia”).

Tiene que entenderse bien que el banco central, como institución, apareció con el objetivo de conservar la estabilidad del sistema bancario llamado “de reserva fraccionaria“, en el sentido de que el “sistema” tuviese siempre suficiente dinero para poder solucionar las necesidades de efectivo de sus clientes. Siempre que el término “liquidez” es utilizado por algún comentarista, se refiere precisamente al riesgo particular de los bancos de no disponer de dinero en cantidad suficiente para resolver la necesidad de efectivo de sus clientes. El riesgo, descrito en la primera parte de estos ensayos, se debe a que naturalmente hay sólo una fracción del dinero (unidades físicas de dinero), del que existe según los recibos de efectivo, no sólo para cada banco, sino para el sistema bancario en su conjunto.

Ejemplo de la vida real
No es difícil, en absoluto, comprender que son la liquidez, el problema de circulación y la consiguiente necesidad de tener un banco central, ya que se puede construir el mismo sistema y comprobar cómo funciona en tiempo real (sin embargo tiene sus riesgos y se puede terminar en graves problemas, por lo cual, si alguien decide ponerlo en práctica, el autor lo desaconseja y declina cualquier responsabilidad por los resultados):
– Obtenga una tarjeta de crédito de un banco, con el límite de US$ 2.000 (y digamos que el saldo total debe pagarse en un plazo de 30 días a partir de la fecha del extracto mensual, American Express es un buen ejemplo), se asume que no se pagarán intereses.
– Gaste esos US$ 2,000 en comprar lo que quiera (algo que ha soñado desde hace mucho tiempo).
– Para pagar la tarjeta de crédito necesita US $ 2,000 que usted no tiene (las fuentes actuales de efectivo no le ofrecen la oportunidad de obtenerlos en su totalidad sin afectar su consumo normal)
– Obtenga otra tarjeta de crédito del banco B (tarjeta B), con un límite de US $ 2,000, que le permita retirar el saldo en efectivo y reembolsarlo a plazos (por ejemplo un mínimo de 10% mensual); tampoco se asume el pago de intereses.
– Tome los US$ 2,000 en efectivo de la tarjeta B, y page el total en AmEx.
– Otra vez tiene US $ 2,000 disponibles (en la tarjeta AmEx).
– Gaste de nuevo, compre más cosas.
– Para pagar esta cuenta al fin del próximo mes, tome un préstamo a plazos en el banco C reembolsable en cuotas mensuales
.De esta manera puede continuar utilizando su tarjeta AmEx (y manteniendo el gasto de US$2,000 cada mes) tanto tiempo como pueda cumplir con los pagos mensuales con sus actuales fuentes de dinero en efectivo, préstamos y tarjetas de crédito (para llegar a extremos, es inclusive posible volver a gastar las cantidades que se reembolsen cada mes). Pronto alcanzará el límite, no podrá obtener más tarjetas de crédito ni nuevos préstamos (porque no podrá pagar el nivel mínimo de mensualidades), y por lo tanto el próximo extracto de AmEx tampoco lo podrá pagar. Al igual que en el sistema bancario real, la circulación en este sistema dependería del flujo constante de nuevo efectivo (nuevas tarjetas de crédito y préstamos bancarios), y si la circulación se interrumpiera (en nuestro caso, debido a la imposibilidad de obtener más préstamos de los que ya tiene), tendría lo que llamamos un problema de “liquidez”: la circulación en el sistema se detiene, la liquidez es cero, y usted, en ese momento, podría ser declarado insolvente.Imagine ahora que un hada madrina le regala US$ 2,000, gratis, con la condición de que pague su tarjeta AmEx y no la use de nuevo (y, por tanto, quedaría con otros préstamos que puede mantener con sus actuales fuentes de ingreso de dinero en efectivo). Esta sería una oportunidad milagrosa para usted.

Aunque el banco central no es generalmente el hada de nuestro ejemplo (no obstante puede serlo), a menudo es quien le da la tarjeta crédito, o el préstamo que le ayuda a pagar su tarjeta AmEx. Por lo general usted, y también el banco, se referirían a una solución de la “próxima tarjeta de crédito” sólo en caso de no tener otra salida del problema: es posible que usted pueda contar con un futuro aumento de sueldos (¿ o una bonificación?), y en el caso del banco, por ejemplo, que recibiera nuevos depósitos a plazo y/o que nuevos clientes abrieran cuentas corrientes. Usted tendría que tomar un nuevo préstamo en caso de que no recibiera su bonificación anticipada, de igual modo sucedería al banco si no recibe, a tiempo, suficientes aportes de dinero en efectivo.

¿Y entonces qué?
Todos los bancos se están comportando como alguien que ha obtenido una tarjeta AmEx y ha gastado sabiendo que al finalizar el próximo mes la cantidad no podrá ser devuelta con fondos provenientes de sus fuentes tradicionales de dinero. Como persona, pregúntese si ¿estaría dispuesto a hacerlo? Estoy seguro de que tendría razones de peso para no hacerlo. Sin embargo, por algún motivo, estas razones de peso parecen ser inaplicables en el caso de los bancos. A diferencia de nosotros, para quienes ese comportamiento sería un desastre financiero, los bancos no están convencidos de que tal calamidad pueda ocurrirles a ellos, ya que tienen un sistema para evitarlo. ¿Y entonces porqué este sistema no está disponible para nosotros? Simplemente porque, con mucha probabilidad, no estaríamos de acuerdo en dar dinero a alguien para que pague su tarjeta AmEx si no hubiera una expectativa razonable de que, si nos se encontrásemos en la misma situación, ese alguien nos regalara también dinero para pagar la cuenta de AmEx. No obstante, esto es exactamente lo que hacemos, pero a una escala mucho mayor, cada vez que depositamos dinero en un banco contemporáneo.

Mientras funcione bien, ¿qué nos importa?
Bueno, la cosa es que decir “funciona bien” implica una circulación ininterrumpida de unidades físicas de efectivo, quiere decir, en otras palabras: “que si puedo retirar libremente mis fondos en efectivo cuando quiera, o usarlos para pagar mis pasivos, ¿por qué debería preocuparme?” También podría significar esto: “Aún cuando sé que no hay suficiente dinero en efectivo para todos en un determinado momento en el tiempo, es muy poco probable que todos vayan a venir al mismo tiempo a retirar la totalidad de su dinero, así que muy posiblemente siempre podré retirar mis fondos”.
Pero estas afirmaciones no son del todo correctas, si implican una circulación ininterrumpida de unidades físicas de dinero en efectivo; no debería olvidar añadir también, al menos, la siguiente frase: “Creo que es poco probable que muchos de los prestatarios del banco vayan a dejar de pagar sus préstamos durante el período de tiempo en que estoy pensando usar este banco” y “creo también que este banco no tendrá dificultad para obtener préstamos de otros bancos directamente cuando sea necesario” y “también creo que el banco disfrutará de un nivel suficiente de nuevos depósitos en efectivo”.Creo que a estas alturas debería tener buenas razones para preocuparse:
— ¿Cómo asegurarse de que los prestatarios o su banco pagarán a tiempo?
— ¿Cómo saber, con buen margen de confianza, cuántas personas abren nuevas cuentas y depositan “nuevo” dinero en efectivo?
— ¿Cómo asegurarse de que otros bancos están dispuestos a hacer un préstamo a su banco?
Nunca podrá estar seguro. Porque no es posible. Este es precisamente el trabajo de los bancos. Sin embargo, la capacidad de retirar mañana su dinero en efectivo de cajeros automáticos depende directamente de la capacidad de los bancos para gestionar esas y muchas otras cosas. Tenga en cuenta, sin embargo, que no debería ser así: se trata de su dinero y su derecho a retirarlo es incondicional.

Bueno, ¿y si justamente queremos que sea de esta manera: es gestión de riesgos, estamos en el Siglo 21, podemos manejarlo: contamos con un sistema de seguros en caso de que las cosas vayan mal, tenemos un banco central para asegurarnos que nada salga mal.

En primer lugar, el sistema de seguros no puede certificar a todos la devolución de su efectivo (simplemente porque la cantidad de unidades físicas de dinero en efectivo no es igual a la correspondiente a los “recibos de dinero en efectivo”) – siempre habrá un límite por persona. En segundo lugar, el Banco Central no puede prevenir “que las cosas vayan mal”; lo único que pueden hacer los bancos centrales es restablecer la circulación ininterrumpida del dinero. El Banco Central sólo tiene una manera de hacerlo: poniendo más unidades físicas de efectivo a disposición del sistema. Son varias las herramientas a utilizar: (i) reducir los requisitos de reserva (para que los bancos pueden tener acceso al efectivo previamente depositado en el Banco Central como garantía), (ii) dar préstamos a los bancos, (iii) la compra de valores de los bancos y, menos probablemente, (iv) impresión de efectivo (es decir, aumentar directamente la cantidad de unidades físicas de efectivo). Los bancos centrales no controlan las fuerzas que interrumpen la circulación. Por ejemplo, los bancos centrales no tienen control sobre:
— Su deseo personal de abrir una cuenta en determinado banco,
— Las políticas crediticias de los bancos y las decisiones individuales de cada uno de los bancos de conceder un préstamo,
— La solidez de los proyectos financiados a través de préstamos bancarios,
— La demanda de los productos resultantes en los proyectos financiados por los bancos,
— El éxito de las empresas,
— La creación de nuevas empresas,
Y muchas otras cosas.

Así que ¿cuál es la conclusión?
No hay nada económicamente fundamental en tener un banco central y una política de estabilidad financiera: todo está centrado en mantener la circulación ininterrumpida de dinero. La circulación ininterrumpida de dinero sólo es un problema cuando no se garantiza el derecho a la propiedad del dinero que depositamos en el banco (ya que la cantidad de unidades físicas de dinero no es igual a la cantidad en “recibos de efectivo“). La interrupción de la circulación de inmediato revela que ha sido robado el dinero colocado en el banco, la circulación requiere vigilancia y coordinación. El problema de liquidez aparece cuando se interrumpe la circulación y las consiguientes “inyecciones de liquidez” son simplemente un aumento de unidades físicas de dinero destinadas a restablecer la circulación. El problema de liquidez, por lo tanto, no es un problema económico, sino un problema matemático derivado de una legislación deficiente (y, como tal, es un problema jurídico). El reversar el problema de liquidez no resuelve ningún problema económico real, sino que, de hecho, empeora otro (el de la inflación).
   Advertencia a los críticos
Despreocúpese, esta no es una publicación científica. Los guiones son simplificados, pero razonables, a propósito hemos evitado el uso de terminologías complicadas hasta donde sea posible, para mantener simples las cosas. Si usted siente un deseo ineludible de rechazar mis argumentos, por favor lea primero
this scientific publication (que fue el material de referencia para el autor) y sea usted más que bienvenido. Seriamente, estaría muy contento de tener una discusión más sofisticada con cualquier persona interesada. Los comentarios no sofisticados son también bienvenidos. Las preguntas serán muy apreciadas porque el autor no podía incluir todos los aspectos del problema en un artículo (algunas preguntas pueden ser contestadas en las partes sub-siguientes de este ensayo y por lo tanto el autor rechazará amablemente darles respuesta ahora). 

Esta es una traducción del Inglés al Español del articulo What do we know about banks? Part II originalmente escrita por Sergei D. Lozovoi-Koscheev y publicada en su Blog Reconomics

This is a translation from English to Spanish of the original article What do we know about banks? Part II by Sergei D. Lozovoi-Koscheev and published on his blog Reconomics
.
Copyright 2007 by Sergei D. Lozovoi-Koscheev. Reproduced by permission.
TRADUCCIÓN DE RODRIGO BETANCUR

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Seguidor del gran Filósofo Libertario el Dr Hans-Hermann Hoppe
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