Pongamos Fin a la Guerra Contra las Drogas

por Ron Paul

Recientemente hemos escuchado muchas historias impactantes sobre brutales asesinatos y violencia despiadada y relacionadas con la guerra entre los carteles de la droga y funcionarios mexicanos y de los EE.UU.
Estamos aproximándonos al punto de una verdadera crisis.
Lamentablemente, la administración no va a desperdiciar esta oportunidad para ampliar aún más el alcance del gobierno. Respiremos profundamente y busquemos en la historia cual es la mejor manera de hacer frente a esta peligrosa situación, y veremos que no faltan antecedentes.
La prohibición al alcohol, en forma similar, en la década de 1920, trajo violencia, pandillas, ilegalidad, corrupción y brutalidad. La razón para el uso de la violencia no fue la de que destilar y vender alcohol era inherentemente peligroso. La violencia se produjo a causa de la creación de un mercado negro brutal, el cual también disparó las utilidades de las mafias hasta el techo. Estas utilidades permitieron a delincuentes como Al Capone volverse increíblemente ricos, y a defender a capa y espada su recién adquirida riqueza. Al Capone vio la derogación de la prohibición como una gran amenaza y, de hecho, las operaciones de contrabando y la violencia de las mafias se derrumbaron después de la derogación. Hoy en día, recoger una botella de vino para la cena es una operación relativamente benigna, y los camiones de cerveza viajan abierta y pacíficamente a lo largo de sus rutas de distribución.
Del mismo modo hoy, la mejor manera de luchar contra los violentos carteles de la droga es quitar el soporte a las utilidades al exponer sus operaciones a la luz del sol. Las personas que, imprudentemente, compran drogas difícilmente optarían por utilizar como fuente de suministro a un distribuidor criminal en un callejón solitario, si la alternativa fuera un dispensario al estilo tienda de café. Además, en un dispensario respetuoso de la ley es probable que se verifique la edad en la identificación y se niegue la venta a menores de edad, como tienden a hacerlo muy diligentemente en bares y tiendas ABC. Piense en todo el tiempo y recursos que se podrían ahorrar si la aplicación de la ley se centrase en delitos violentos, en lugar del tratar de cumplir el imposible mandato, de estado-niñera, de salvar a la gente de sí misma!.
Si estas razones no convencen a quienes combaten la droga, los insto a que vuelva a leer el texto de la Constitución y considerar si hay en ella alguna autoridad para prohibir este tipo de decisiones personales y privadas. Todas nuestras libertades – la libertad de religión y de reunión, la libertad de expresión, el derecho a portar armas, el derecho a permanecer libre de innecesarias requisas y confiscaciones por parte del gobierno – se derivan del precepto que determina que uno es dueño de sí mismo y es responsable de sus propias decisiones. Las leyes de la Prohibición niegan la libre propiedad y son un insulto absoluto a los principios de libertad. Estoy en vehemente desacuerdo con el uso recreativo de las drogas, pero al mismo tiempo, si las personas sólo tienen libertad para tomar decisiones acertadas, no son verdaderamente libres. En cualquier caso, los estados deben decidir por sí mismos cómo manejar estos temas y el gobierno federal debe respetar sus decisiones.
Mi gran preocupación es que en lugar de tratar deliberadamente con los actuales problemas, el Congreso sea presionado de nuevo a actuar rápidamente, sin reflexionar ni debatir. No puedo pensar en un sólo problema que no hayamos empeorado al proceder en esa forma. El pánico generado por la crisis en ciernes en México no debe ser redirigido a coartar más derechos, especialmente los derechos que defiende la segunda enmienda de nuestra Constitución, como parece ser que se piensa proceder. Ciertamente, más leyes restrictivas del porte de armas en respuesta a la violencia, sólo servirán para desarmar ciudadanos de bien. Esto es algo para tener en cuenta y para estar en contra. Hemos intensificado la guerra contra las drogas durante un tiempo suficiente para ver que sólo aumenta la violencia y la utilidad asociada con las drogas. Es hora de ensayar, en lugar de la guerra, el libre albedrío.

TRADUCIDO POR RODRIGO DIAZ

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Seguidor del gran Filósofo Libertario el Dr Hans-Hermann Hoppe
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