Oro Almacenado vs. Oro en Acción

por Antal E. Fekete – Universidad del Patrón Oro

Dividiendo el Imperio Romano en dos mitades

¿Qué tanto oro?

Muchos lectores de mi columna me han preguntado que tanto oro creo que hay en Fort Knox, y que cantidad de oro creo que ha sido almacenada por los estadounidenses que podría estar disponible para acuñar monedas en caso que la Casa de Moneda de los EE.UU. se volviera a abrir al oro.

No tengo cifras, ni siquiera estimaciones. Desde mi punto de vista, estas cifras ya no importan. Lo que importa es si se puede restaurar la confianza de tal forma que empiece a fluir el oro a la Casa de Moneda. La situación es definitivamente triste, como lo demuestra el tratamiento dado al candidato presidencial Ron Paul, por parte del Establecimiento, de su propio partido, de los medios de comunicación, del público inversionista y del electorado. Lo han tratado con frialdad durante un período tan extraordinario como este, precisamente cuando el mundo financiero comienza a desmoronarse a nuestro alrededor. Él podría ser el mensajero de Dios, pero no ha sido tratado mejor que a nadie antes, enviado como profeta a su tierra. Incluyendo un debate sobre el oro como dinero, mucho menos de regresar de nuevo al uso del oro como moneda, el cual ha sido enérgicamente rechazado por todos, incluyendo la misma gente que va a sufrir por su majadería y su fingida sordera mientras el dólar es ignominiosamente eliminado del ruedo.

Oro en acción

Oro almacenado en bóvedas es una cosa, y otra es oro en acción. Oro en acción es tan diferente de oro almacenado como el día es de la noche. Lo primero sugiere confianza en el presente y radiante optimismo por el futuro. Usted se atreve a gastar su moneda de oro pero también espera confiado que regrese a sus manos en los mismos términos. Lo segundo sugiere desconfianza en el presente y profundo pesimismo sobre el futuro. La moneda de oro no es para gastarla. Tal vez nunca vuelva a usted.

Siempre que se atesora oro, existe el peligro de que la economía caiga a sus peores niveles, posiblemente de vuelta a la barbarie. Si todo el oro se atesora, la prosperidad se derrumba independientemente del estado de los conocimientos y la tecnología. Pero si se vuelve a abrir la Casa de la Moneda el oro fluiría, y la economía podría resucitar de entre los muertos. La gente hablaría de un “milagro económico”. Nuestros dirigentes no ven esto. Para ellos el oro sigue siendo una “reliquia bárbara”, en lugar de ser el elixir de la vida, que hace retroceder a la moribunda economía del borde mismo del abismo.

La clave de la confianza

Intercambio y comercio, y la prosperidad que depende de ellos, se articula en dos ingredientes primitivos: integridad y confianza. Es función del dinero promover su existencia e interacción. Por 63 siglos, han trabajado juntos desde que la primera pepita de oro se utilizó como intercambio por el hombre. El oro es la clave de la confianza. La aceptación universal del oro a través de la historia ha permitido que los organismos de producción, consumo, intercambio y distribución logren el más alto nivel de prosperidad en consonancia con el nivel de conocimientos y tecnología. Saque usted el oro, y hete ahí: el conocimiento y la tecnología ya no patrocinan la prosperidad. Es inevitable el hundimiento de nuevo al Oscurantismo.

El terror del error

Los Estados Unidos han perdido su oportunidad en este año de elecciones, de tener un gran debate nacional sobre los méritos de una moneda corriente metálica y de cómo el oro podría ser forzado a servir, a última hora, como forma de evitar un desastre mundial. La Casa de la Moneda de los EE.UU. no será reabierta al oro, y el “terror del error” seguirá su curso hasta su final amargo. Una depresión devastará el mundo. Sauve qui peut, sálvese quien pueda, ese es el mensaje de la campaña para las elecciones presidenciales de 2008 la cual ha abortado seis meses antes de tiempo.

Fin del Imperio Romano

Tal vez un país extranjero, abrirá su Casa de la Moneda al oro y a la plata. Los chinos podrían hacerlo, pero como todos los orientales son demasiado suspicaces y misteriosos, además son totalmente desconfiados y la confianza es la característica de la forma occidental de hacer negocios. Sea como sea, la historia parece repetirse. Recordemos la división del Imperio Romano en 395 dC en dos mitades, oriental y occidental. En 476 la mitad occidental dejó de existir, y empezó la Edad Oscura, el Oscurantismo. La civilización, como la gente la había conocido, se esfumó. Sin embargo, la mitad oriental, en parte debido al hecho de que pudo mantener abierta al oro su Casa de Moneda, continuó existiendo otros mil años. El oro en circulación representaba la confianza. Confianza en la producción, confianza en el comercio, confianza en el futuro.

La edad del Oscurantismo

Ahora ya no hablamos de deflación y depresión. Nos enfrentamos a la Segunda Venida del Oscurantismo. En el momento de la caída del Imperio Romano todo el oro disponible mantuvo en acción un robusto comercio mundial. El problema no era escasez de oro. El problema era que el oro iba a la clandestinidad. Si se hubiera tratado de poner de nuevo en circulación, el Oscurantismo podría haberse atajado. Eso no sucedió, debido a la ignorancia y el egoísmo de los dirigentes, y a su presunción de que la rápida depreciación monetaria del sistema serviría a los propósitos del Imperio. Como el oro iba a la clandestinidad, y no había ningún estadista que presionara para forzarlo de nuevo al servicio, no hubo forma de salvar la civilización en la parte occidental del Imperio Romano.

Es importante entender que la Edad Oscura que siguió, y el pasaje del oro a la clandestinidad, eran sólo dos caras de una misma moneda. Estamos hoy encarando la misma doble amenaza. Esta vez, también, la Edad Oscura podría durar varios cientos de años.

El Bizante, salvador de la civilización

La mitad oriental del Imperio Romano, Constantinopla, salió mejor librada. Allí se mantuvo abierta al oro la Casa de Moneda por otros mil años. Sus gentes no sólo sobrevivieron: prosperaron. La moneda de oro del Imperio, el bizante (el nombre viene de Bizancio, como se conocía Constantinopla antes que el Gran Constantino la bautizara con su propio nombre) salvó la civilización de la ruina en la que había sucumbido con tanta facilidad la parte occidental del Imperio.

Si la historia se repite a continuación, la mitad Oriental de nuestra civilización, con el respaldo de la fuerza económica de la renaciente China, tendrá la sabiduría para salvar el mundo mediante la apertura de la Casa de Moneda a la plata. Por desgracia, Occidente no estará entre los beneficiados.

Gente llorando de desesperación

Nuestros dirigentes gubernamentales que manejan nuestra moneda sin respaldo y los programas de crédito, no entienden que la gente puede enfrentar tragedia y desastre a raíz del colapso del sistema monetario. Hasta cuando se produzca tan devastadora catástrofe, procederán como si una Providencia especial fuera a proteger la nación del caos social y monetario en el cual la masa indefensa llorará de desesperación. La gente lo único que puede hacer es sufrir debido a que personajes ineptos, en el ámbito de la economía monetaria, arrojaron la Constitución al viento, usurparon un poder ilimitado, y tomaron posesión del sistema monetario de la nación.

Cuando una política monetaria de verdaderos estadistas se sustituye por la estupidez, la imprudencia, la irresponsabilidad, y los consiguientes malos ejemplos de comportamiento humano, la catástrofe y el caos asechan a la desafortunada nación atrapada en una de estas frecuentes tragedias de la humanidad.

Impostores cosen los invisibles vestidos del Emperador

El procedimiento común es evitar que científicos monetarios de actitud vertical, cuyos esfuerzos en favor de la masa indefensa de gentes son generalmente mirados con resentimiento, ridiculizados, perseguidos con impuestos y, a veces, sometidos a otras formas de castigo, como el ostracismo o algo peor. Al mismo tiempo los manipuladores de la moneda intentan persuadir al público que son hombres inteligentes y honorables que actúan en el mejor interés de la nación, basados en la más reciente evidencia científica. Estos personajes son agasajados con vinos y viandas, se les otorgan premios y distinciones, y son sujetos a toda clase de alabanza y agradecimiento. Los medios de comunicación y la prensa financiera no encuentran nuevos superlativos para calificarlos. Pero todo este bombo no cambia el hecho de que están alabando a impostores que fingen coser el traje nuevo del Emperador, “invisible para todos, menos para el sabio”.

El Oro es anatema para el credo comunista, así como también para la ideología del dinero sin respaldo

Los Estados Unidos está ilustrando una vez más cómo una nación, cuando es suficientemente inepta y presuntuosa en el ámbito de economía monetaria, prosigue su curso basado en créditos impagables que terminan en angustia, tragedia y desesperación. A menos que, en el último momento, los dirigentes políticos occidentales de alguna manera lleguen a ver la luz, y abran al oro, primero que los chinos, la Casa de Moneda. No pregunte de donde vendrá el oro. Si los chinos deciden y logran atraer la plata, anatema a su credo comunista, entonces seguramente los seguidores de Keynes y Friedman podrían atraer el oro, anatema de su ideología del dinero sin respaldo.

Desindustrialización de los Estados Unidos

El dinero sin respaldo ha desindustrializado los Estados Unidos tan efectivamente como dos guerras mundiales y el mismo dinero sin respaldo a su paso ha desindustrializado a Alemania. Ese país tuvo que empezar a acumular su capital a partir de cero al final de la Primera Guerra Mundial, sólo para malgastarlo en otra guerra inútil que dejó al país en ruinas, dividida, y bajo ocupación enemiga. Pero Alemania, por lo menos en su parte occidental, al igual que la mitológica ave Fénix, renació de sus cenizas y se convirtió en el país más rico de Europa en 1965.

Porqué el milagro económico alemán ha renunciado a la moneda de oro

Según informe de la revista Newsweek del 11 de noviembre de 1957, bajo el título Oro para la Venta, el doctor Ludwig Erhard, Ministro de Economía de Alemania Occidental en 1947, estuvo contemplando abrir al oro la Casa de Moneda. Según el informe, dijo que “los alemanes prefieren el sonido de las brillantes monedas de oro al prosaico roce del papel moneda”. Desistió por una sola razón: no quería avergonzar al rico y poderoso EE.UU., donde las monedas de oro eran tabú.

Tomando a sorbos mal disimulados del vaso de la inflación

Si la historia de Newsweek es cierta, Erhard cometió un error histórico. Intentar evitar una ofensa al poderoso plegándose a sus debilidades y falta de decoro, es un fenómeno que uno ve de vez en cuando en el comportamiento social. Erhard no quiso faltar al respeto a la potencia ocupante, según deja al descubierto su sistema de moneda corriente, introduciendo una moneda realmente respetable en Alemania Occidental. Prefirió que nos siguiéramos considerando a nosotros mismos “respetables como la mujer de enfrente”, mientras pereceamos en zapatillas en el dormitorio, abrazando a nuestra descuidada figura una amplia bata de moneda sin respaldo, el pelo revuelto, mientras seguimos “tomando a sorbos, sin ningún disimulo, del vaso de la inflación” para parafrasear las palabras de Harold Wincott en su escrito en el Financial Times de Londres (en el artículo No Laughing Matter (No es Cuestión de Risa), del 5 de octubre de 1954).

El incesante hablar de liderazgo en el Mundo Libre

Los funcionarios de los Estados Unidos han estado hablando incesantemente de su responsabilidad como líderes del Mundo Libre, y de sus inigualados conocimientos en todos los campos de la actividad humana. Sin embargo, aquí estamos invitados a uno de los más humillantes espectáculos. Alemania, un país derrotado, con indulgente tolerancia en la esfera de la ciencia monetaria, hace una elección inferior en la reforma de su sistema de moneda, por temor a molestar al poderoso líder a quien, en forma disoluta, le ha faltado liderazgo en el ámbito del dinero. Gran liderazgo para el Mundo Libre. Tanto más por sus conocimientos inigualados.

Flotación por hundimiento

Usted no necesita una guerra en su territorio para desindustrializar su país. Los Estados Unidos han logrado tal hazaña, pulgada a pulgada, desde 1971, estando por ese entonces en el apogeo de su poder industrial, que además, y no es sorprendente, coincide con la ruptura final entre el dólar y el oro. Lo más sorprendente de esto es que no se ha hecho nada para detener el descenso durante ese período. Las advertencias de los economistas monetarios han sido ignoradas, inclusive ridiculizadas. Los Estados Unidos persisten con el programa de Friedman de ‘flotación por hundimiento’. El dólar ha sido objeto de continua y consciente degradación, una y otra vez desde 1972, a pesar del evidente daño que se hacía al capital industrial de los EE. UU.

La devaluación de la moneda corriente es auto-mutilación. La flotación es una devaluación disfrazada – como si las mutilaciones parciales fueran menos dolorosas. Sea como sea, la receta de Milton Friedman de flotación del dólar ha causado el mayor consumo de capital que se haya registrado en la historia. Ha convertido a los norteamericanos en prisioneros de la “gratificación instantánea”. Se ha hecho caso omiso de una lección, aquella que muestra que, una vez que se consume, o se disipa, capital industrial, o de cualquier otro tipo, ya no puede ser restituido al clic del mouse (como si se puede hacer con el crédito mal usado).

No es la declaración de guerra, sino la declaración del oro como ‘tabú’ lo que destruye el capital industrial.

La verdadera causa de la desindustrialización de una floreciente potencia industrial no es la guerra sino la declaración del oro como tabú. Sin embargo, como el ejemplo de Alemania nos muestra, el proceso no es irreversible. Con una moneda sana respaldando sólidamente a productores y ahorradores, el país podría volver a regenerar su base industrial. Podría recuperar su capital industrial. Pero se necesita disciplina, reducción en el consumo, ahorro – y, sobre todo, liderazgo monetario.

Todavía no es demasiado tarde para reversar el tren de la destrucción.

Basta con abrir al oro la Casa de Moneda de los EE. UU.

 

1 de abril de 2008.

* Nota:

ANTAL E. FEKETE es Professor Emeritus (Mathematics), Memorial University of Newfoundland, St. John’s, Newfoundland, Canada. Es un economista de clase mundial, especializado en matemática, ciencia monetaria e historia. Vive entre St. John’s, Newfoundland, Canada, y Budapest, Hungría. Es un escritor prolífico.

En 1974 el Profesor Fekete presentó una conferencia sobre oro en el Seminario Paul Volker, en la Universidad de Princeton. Posteriormente fue Profesor Visitante en el Instituto Americano para la Investigación Económica y Editor Mayor de la Fundación Americana de Economía. En 1996, su ensayo Whither Gold? (¿Adonde Oro?), fue galardonado con el Primer Premio en el concurso internacional de ensayos sobre el dinero, auspiciado por el Banco Lips, el Banco Suizo.

Más artículos del Profesor Fekete en su página Web: www.professorfekete.com

 

TRADUCIDO POR RODRIGO BETANCUR

 

About MisesColombia

Seguidor del gran Filósofo Libertario el Dr Hans-Hermann Hoppe
This entry was posted in Blog and tagged , . Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Your email address will not be published.