Libertarismo: de Izquierda o de Derecha?

 

 

por Sheldon Richman.

Mi visión de la política es que se mueve en una línea recta en vez de moverse en un círculo. La línea recta se extiende desde el extremo derecho donde (históricamente) encontramos la monarquía, las dictaduras absolutas, y otras formas de gobierno autoritario. En el extremo derecho, la ley y el orden significan la ley del gobernante y el orden que sirve a los intereses del gobernante el cual, por lo general equivale al zumbido de los trabajadores, la sumisión de los estudiantes, la lealtad de los mayoress, ya sea intimidados o totalmente adoctrinados y entrenados en esa lealtad. Tanto Joseph Stalin como Adolf Hitler presidieron regímenes de derecha, políticamente, a pesar de las trampas socialistas con que ambos adornaron sus regímenes…

La extrema izquierda, mientras más alejada esté de la derecha, representa, lógicamente, la tendencia opuesta y, de hecho, así ha sido a todo lo largo de la historia. La izquierda es el lado de la política y de la economía que se opone a la concentración del poder y de la riqueza y,  por el contrario, aboga y trabaja por distribuir el poder en el máximo número de manos.

Karl Hess, querida América  

¿Es el Libertarismo de izquierda o de derecha?

A menudo evitamos esta pregunta con un rotundo “No!” Dada la forma en que estos términos se utilizan hoy en día, la respuesta es comprensible. Sin embargo, es insatisfactoria si se analiza históricamente.

De hecho, el libertarismo está sembrado directamente en la izquierda, como voy a intentar demostrar aquí.

Los términos al parecer se utilizaron por primera vez en la Asamblea Legislativa Francesa después de la revolución de 1789. En ese contexto los que se sentaron en la parte derecha de la asamblea eran firmes partidarios de la destronada monarquía y de la aristocracia – el Antiguo Régimen – (y, por tanto, conservadores), mientras que aquellos que se sentaron a la izquierda se oponían a su reincorporación (y, por tanto, eran los radicales). Debería deducirse de esto que los libertarios, o liberales clásicos, se sentarían a la izquierda.

De hecho, es allí donde se sentaron. Frédéric Bastiat, el radical escritor y activista del laissez-faire, fue miembro de la asamblea (1848-1850) y se sentó en el lado izquierdo junto con Pierre-Joseph Proudhon, el “mutualista”, cuyo adagio “La libertad es la madre, no la hija, del orden ” adorna el membrete de la Libertad, el periódico del libertario y anarquista individualista americano Benjamin Tucker.

(Proudhon es también famoso por decir, “La propiedad es robo”, pero la totalidad del contexto de su obra deja en claro que quería decir propiedad en ausencia del dueño como consecuencia de privilegio estatal, porque además también escribió en su Teoría de la Propiedad, “¿Dónde encontraremos una potencia capaz de contrarrestar este formidable poder del Estado? No hay otra, salvo la propiedad… El derecho absoluto del estado está en conflicto con el derecho absoluto del dueño de la propiedad. La propiedad es la mayor fuerza revolucionaria que existe”)..

Desde el principio los libertarios eran vistos, y se veían a sí mismos, como de izquierda. Obviamente, “la izquierda” podía estar constituida por personas que coincidían en pocos temas – bastaba que se opusieran el régimen establecido (o al restablecimiento del antiguo régimen). La izquierda francesa en la primera mitad del siglo 19 incluía individualistas y colectivistas, libre mercadistas del laissez-faire y socialistas estatales que querían el control de los medios de producción por el estado. Uno podría decir que la izquierda tenía alas de izquierda y de derecha, con los laissez-fairistas de izquierda-izquierda y los socialistas estatales de derecha-izquierda.

Pero no importa como se mire, el libertarismo era de izquierda.

Izquierda, derecha y el estado .

Izquierda y derecha no se refiere simplemente a cual parte de la asamblea se sentaban o cual su actitud hacia el régimen. Esa actitud era la manifestación de una opinión más profunda sobre el gobierno. La izquierda históricamente ha entendido que el estado es el más poderoso motor de explotación, a pesar de que las diversas facciones estaban en desacuerdo sobre la naturaleza exacta de la explotación y/o qué hacer sobre la materia. Marx no tenía el monopolio de estas ideas. Por el contrario, a principios del siglo 19 se las arrebató (y luego las degradó), a los burgueses liberales radicales Charles Comte y Charles Dunoyer, quienes formularon por primera vez la teoría de la lucha de clases. En la versión liberal las dos clases (o castas) surgieron en el momento que el gobierno se dedicó a saquear: los saqueadores y saqueados. Los saqueadores eran aquellos que utilizan el estado para vivir del trabajo de los demás. Los saqueados fueron aquellos a quienes les fueron robados los frutos de su labor – toda la clase trabajadora, que incluye a quienes estaban en el mercado produciendo e intercambiando pacíficamente y quienes en sí mismos no estaban saqueando a los demás. For more, see my article “Libertarian Class Analysis,” Freedom Daily, June 2006.)  (Marx cambió, para lo peor, la tesis Comte-Dunoyer al mover a empleadores de la clase industrial, sin vínculos con el estado, de la clase trabajadora a la clase explotadora. Esto en relación con su teoría laboral del valor, que dividió a los grupos de izquierda, un tema interesante que está más allá del alcance de este escrito. Para más información, véase mi artículo “Análisis de la clase Libertaria,” Freedom Daily, de junio de 2006).

Por lo tanto, la izquierda se identificó con la liberación de los trabajadores (en sentido amplio). Hoy no asociamos a los libertarios con esta idea, pero fue en esa época el meollo de la visión libertaria. Puede verse en Bastiat, Richard Cobden, John Bright, Thomas Hodgskin, Herbert Spencer, Lysander Spooner, Tucker, y el resto de los liberales iniciales quienes nunca dejaron de hacer énfasis en el papel del trabajo en la producción.

Cabe señalar aquí que la palabra “socialismo” también ha sufrido cambios de esos días para acá. Tucker, quien con orgullo aceptaba la designación del “hombre coherente de Manchester” (El Manchesterianismo denota la filosofía del laissez-faire de los libre mercadistas Ingleses Cobden y Bright), se llamaba a sí mismo un socialista. El “capitalismo” era identificado con privilegios para los dueños del capital, en detrimento de los trabajadores, y, por tanto, se le despreciaba como un sistema de explotación. Intervenciones tales como impuestos, regulaciones, subsidios, aranceles, licencias, y la política de tierras, restringieron la competencia y, no sólo limitaron la demanda de mano de obra, sino también las oportunidades de empleo por cuenta propia. Tales medidas redujeron el poder de negociación del trabajo y deprimieron los salarios, lo cual para los libertarios de izquierda constituyó un saqueo patrocinado por el estado. Su solución fue un profundo laissez faire, que liberara la competencia y maximizara el poder de negociación de los los trabajadores.  (Los sindicatos fueron vistos como una forma de a ayudarse a sí mismos de los trabajadores, por lo menos hasta que se pudiera acomodar el laissez faire. Más tarde, los sindicatos conectados con el gran gobierno llegaron a ser sospechosos de formar parte de un esfuerzo para co-optar el movimiento obrero y con calma y de forma segura atraerlos al establecimiento).

Libertarios también mostraron sus colores de izquierda al oponerse al imperialismo, a la guerra, y a las violaciones de las libertades civiles, tales como el servicio militar obligatorio y la detención arbitraria.  (Véase, por ejemplo, los escritos de Bastiat, Cobden y Bright.) De hecho, no simplemente condenaban la guerra como equivocada, sino que también la identificaban como un método clave mediante el cual la clase dominante se aprovechaba de las clases trabajadoras domésticas (no para mencionar las víctimas extranjeras) para su propia riqueza y glorificación. El Libertarismo y el movimiento contra la guerra caminaron de la mano desde el principio.

Libertarismo moderno

El libertarismo no se percibe hoy como lo que fue en los años 1800 – incluso, y por desgracia, por la mayoría de los libertarios – como resultado de varios factores que causaron el declive del movimiento inicial. Algunos movimientos, no siempre dedicados a la libertad individual, entraron a la carga, y dejaron que el libertarismo se viera como una estrafalaria rama del conservatismo. Murray Rothbard discute tal declive en su clásico ensayo “Izquierda y Derecha: Las Perspectivas para la Libertad,” que debe ser leído por toda persona interesada en este tema.  (Véase también, en internet, la conferencia de Roderick Long, “Rothbard ‘Izquierda y Derecha’: Cuarenta años más tarde,” en la página web del Instituto Ludwig von Mises).

Rothbard escribe,.

De este modo, con el liberalismo abandonado desde adentro, ya no había un Partido de la Esperanza en el mundo occidental, ni un movimiento de “izquierda” para llevar a cabo la lucha contra el Estado ni contra los restos inquebrantables del orden anterior. En este espacio, en este vacío creado por el agotamiento del liberalismo radical, se acomodó un nuevo movimiento: el socialismo. Los libertarios de hoy están acostumbrados a pensar que el socialismo es el polo opuesto del credo libertario. Pero esto es un grave error, responsable de una severa desorientación ideológica de los libertarios del mundo actual. Como hemos visto, el conservatismo fue el polo opuesto a la libertad y el socialismo, mientras que se colocaba a la “izquierda” del conservatismo, fue esencialmente un movimiento confuso que optó por la vía del medio. Fue, y sigue siendo, de la vía del medio, ya que trata de lograr fines liberales mediante el uso de medios conservadores.

En otras palabras, el socialismo estatal (en oposición al socialismo de libre mercado de Tucker) prometió prosperidad e industrialización (fines liberales) a través del control gubernamental de los medios de producción (medios conservadores). Es lo que ahora conocemos como la Vieja Izquierda, porque la Nueva Izquierda, o al menos algunos aspectos de ella, son más escépticos de la industrialización a gran escala.

Lo que he presentado aquí debería confirmar la buena fe “izquierdista” de los primeros libertarios. Sinembargo, estas distinciones tuvieron vigencia hasta principios del siglo XX. Por ejemplo, HL Mencken y Albert Jay Nock, que fueron libertarios individualistas desde todo punto de vista, fueron considerados como hombres de izquierda en la década de 1920. Pero en la siguiente década, tanto ellos como sus aliados fueron percibidos como de derecha. Con demasiada frecuencia los libertarios se han colocado allá y han abrazado sus “alianzas” conservadoras.

La razón de esto proviene parcialmente de la tentación de creer que el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Cuando los socialistas estatistas atacaron el (“capitalismo”) de mercado, como parte de su crítica a América, el ala derecha, los conservadores, defendieron retóricamente la libertad económica (aunque por lo general haciendo caso omiso de la características corporativistas del capitalismo con el fin de no alienar a sus aliados de negocios). La retórica hizo que parecieran ser camaradas de armas con los libertarios, y muchos de ellos los aceptaron como tales. Se trata de un lamentable error, porque a partir de entonces el libertarismo pareció como que estuviera en defensa, no realmente de la libertad económica, sino de la alianza existente entre el estado y las corporaciones. El libertarismo entonces, se trasladó a la derecha, y los libertarios (con algunas excepciones) estuvieron contentos al pensar de sí mismos de tal manera.

Como consecuencia de ello, el movimiento dio la impresión de que el mercado libre era equivalente al capitalismo de Estado imperante. Pero la verdad es que, los libertarios protestan contra los impuestos, la regulación, e incluso contra los subsidios a los negocios, pero con demasiada frecuencia defienden acciones particulares de empresas privadas (empresas petroleras, por ejemplo), olvidando que las empresas de hoy son el producto de muchos años de corporativismo.  (Este lapso de  memoria es lo que escritor del “mercado libre anti-capitalista” Kevin Carson llama libertarismo vulgar.) El ejemplo clásico es Ayn Rand en su muy ridiculizado ensayo, “Las Minorías Perseguidas de America: las Grandes Empresas.” (Pero es claro que en la Rebelión de Atlas entiende lo que es el corporativismo.) La impresión se ve reforzada por la desproporcionada cantidad de esfuerzo que hace en denunciar el “bienestar estatal para los pobres” y el relativamente escaso tiempo que dedica a oponerse al “bienestar estatal para las empresas”.

Huelga decir que todo esto ha robado al movimiento su vitalidad y, por ende, su potencial de reclutamiento.

Mucho más podría decirse sobre este tema. Una búsqueda rápida en Internet produce a su vez un gran número de documentos, sobre las raíces de izquierda del libertarismo, de escritores libertarios modernos, además de Carson y Long. Baste decir aquí que si el movimiento quiere volver a ser inspiración para las víctimas del poder gubernamental, tendrá que recuperar esas raíces.

Sheldon Richman es miembro senior de The Future of Freedom Foundation, autor de Ciudadanos atados: Ha llegado la hora de derogar el Estado Bienestar, y editor de la revista The Freeman  The Freeman.

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Este artículo apareció originalmente en la edición de 2007 Junio de Freedon Daily Freedom Daily

 


 

TRADUCIDO DEL INGLÉS POR RODRIGO DIAZ

 

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Seguidor del gran Filósofo Libertario el Dr Hans-Hermann Hoppe
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