La incertidumbre y sus exigencias: El papel crítico del seguro en el mercado libre

Este artículo se basa en “The Economics of Risk and Insurance”, un discurso realizado por el profesor Hoppe en la Universidad Mises de 2004 y 2005]

Un seguro implica la puesta en común de los riesgos individuales. Bajo este acuerdo, hay ganadores y perdedores. Algunos de los asegurados recibirán más de lo que pagaron en primas y algunos pagarán al sistema más de lo que nunca recuperarán. Es una forma de redistribución de rentas de los sanos a los enfermos, pero lo característico del seguro es que nadie sabe por adelantado quiénes serán los ganadores y los perdedores. Están distribuidos de forma aleatoria e impredecible y la redistribución resultante de rentas dentro de un fondo común de gente asegurada es asistemática.

Si no fuera así (si fuera posible predecir los ganadores y perdedores netos), los perdedores del seguro no querrían poner en común su riesgo con los ganadores: buscarían poner en común su riesgo con los demás “perdedores” con primas más bajas.

Por ejemplo, digamos que mi proveedor de seguro quiere poner en común el riesgo de lesión de alguien como yo, que se siente todo el día delante de una mesa, con el riesgo de un futbolista profesional. En ese caso, podemos predecir fácilmente que acabaré siendo un perdedor constante: a mí pocas veces me pasa algo, pero multitud de accidentes le ocurrirán al futbolista profesional y mis primas tendrían que cubrir si muy mayor riesgo de lesión.

Incluso si los propios asegurados no se dan cuenta de que son ganadores y perdedores sistemáticamente predecibles, la libre competencia en el mercado del seguro eliminaría toda redistribución sistemática entre los asegurados.[1] En un mercado libre, cualquier empresa de seguros que realizara cualquier redistribución sistemática de rentas (mezclando gente con tipos objetivamente distintos de riesgo en un solo grupo) se vería superada por cualquier empresa que no realizara este tipo de práctica. Otra empresa de seguros podría darse cuenta de que hay gente sentada delante de mesas y raramente se cae de sus sillas y se lesiona. Advertiría que puede ofrecer de forma rentable una prima inferior a los sentados delante de mesas y asegurarlos en un grupo independiente de los deportistas profesionales. Y al ofrecer primas más bajas, por supuesto atraería a aquella gente que anteriormente estaba mal asegurada. Como consecuencia, las diversas empresas que habían agrupado mal a la gente (mezclando sus clientes de bajo riesgo con sus clientes de alto riesgo) tendrían que aumentar las primas para sus clientes de riesgo superior hasta su nivel naturalmente superior.

La competencia en el mercado del seguro llevaría a subgrupos cada vez más refinados de gente, a grupos que son internamente homogéneos. La discriminación de grupos y subgrupos se produciría de acuerdo con los riesgos reales de grupos y las primas para todos los grupos reflejarían entonces los verdaderos riesgos de seguro para ese grupo y los precios de media tenderían a bajar debido a la competencia.

Para poner a un cliente individual en el grupo correcto, la aseguradora tiene que discriminar de acuerdo con diversos criterios. En el caso de seguros de inundaciones, terremotos o incendios, usaría criterios regionales o geográficos. Podría usar características biológicas o genéticas en el caso del seguro sanitario. Podría usar cierto criterios de comportamiento o estilo de vida: fumadores y no fumadores, gente que trabaja en ciertas ocupaciones que causan mayor o menor riesgo y así sucesivamente.

Las limitaciones de la asegurabilidad
¿Y hay ciertos riegos contra los que sencillamente no podemos asegurarnos? Mises define eventos que pueden asegurarse como “eventos de riesgo” y usa una definición de lo que llama “probabilidad de clase” para definir estos eventos de riesgo:

Sabemos o asumimos saber, con respecto al problema referido, todo acerca del comportamiento de toda una clase de eventos o fenómenos, pero no sabemos anda cerca de los eventos o fenómenos singulares reales que son los elementos de esta clase.[2]

Y luego da algunos ejemplos. Por ejemplo:

Tenemos una tabla completa de mortalidad para un periodo determinado del pasado en un área determinada. Si suponemos que con respecto a la mortalidad no se producirán cambios, podemos decir que sabemos todo con respecto a la mortalidad de toda la población en cuestión. Pero con respecto a la esperanza de vida de las personas no sabemos nada más que que son miembros de esta clase de gente.

Otro ejemplo:

Supongamos que se ponen en una caja diez papeletas, cada una con el nombre de un hombre distinto. Se saca una papeleta y el hombre cuyo nombre aparece en esta tiene que pagar 100 dólares. Entonces una aseguradora puede prometer al perdedor una indemnización completa se está en disposición de asegurar a cada uno de ellos por una prima de diez dólares. Recogerá dólares y tendrá que pagar la misma cantidad a uno de los diez. Pero sui fuéramos a asegurar solo a uno de ellos a una tasa fijada por el cálculo, no estaríamos en el negocio del seguro, sino en el de la apuesta.

Y luego dice, concluyendo:

Lo característico del seguro es que trata con toda la clase de eventos. Al pretender saber todo acerca del comportamiento de la clase completa, no parece haber riesgo específico implícito en la gestión del negocio.

Tampoco hay ningún riesgo específico en el negocio del dueño de una casa de apuestas o en una empresa de loterías. Desde el punto de la empresa de loterías, el resultado es predecible, siempre que se hayan vendido todas las papeletas. Si hay papeletas que quedan sin vender, el empresario está en la misma situación con respecto a ellas en que está cada comprador de un billete con respecto a los billetes que compró.

Advirtamos ahora de nuevo que esta definición de lo que él llama “probabilidad de clase” implica la ausencia de cualquier redistribución sistemática de rentas: Si no sé nada acerca de cualquier riesgo individual de una persona concreta, salvo que es miembro de algún grupo con un riesgo conocido de grupo, entonces toda la redistribución debe ser aleatoria. Implica también que los casos individuales que se agrupen en un solo riesgo son homogéneos. Dentro del grupo, no podemos decir la diferencia entre una persona y otra. Esto implica que el evento real se produce en forma de accidente (y un evento impredecible para el individuo).

Ahora, por exclusión, podemos también abordar las preguntas complementarias: ¿Qué tipo de eventos no son asegurables? ¿Cuándo es imposible poner en común los riesgos?

Un riesgo no asegurable es uno en el que se dan las siguientes condiciones: Si sé con respecto a un riesgo concreto algunos o todos los factores que determinan su resultado, entonces eso ya no es accidental: su probabilidad puede estar individualmente afectada y por tanto no es posible asegurarlo. O, por decirlo de una forma algo distinta, todo lo que está bajo control total o parcial de un actor individual no puede asegurarse (no pueden ponerse en común los riesgos), sino que cae en el ámbito de la responsabilidad personal o individual.

Todo riesgo que pueda verse influido por las acciones propias es por tanto no asegurable: solo lo que no es controlable mediante acciones individuales es asegurable y solo si hay distribuciones de frecuencia a largo plazo. Y también se puede decir que si algo que inicialmente no era controlable se convierte en controlable perderá su estatus de asegurabilidad. Con respecto al riesgo de un desastre natural (inundaciones, huracanes, seísmos, incendios) el seguro es evidentemente posible. Estos eventos están fuera del control de las personas y no sé nada acerca de mi riesgo individual, salvo si soy o no un miembro de ese grupo que, como grupo, está expuesto a cierto riesgo de inundación o seísmo o incendio.

Por el contrario, tomemos por ejemplo el riesgo de cometer suicidio. ¿Sería posible asegurarse (poner en común nuestro riesgo con el de otros) contra el suicidio? La respuesta debería ser bastante evidente: ese no es un negocio viable para una empresa aseguradora. Después de todo, tengo pleno control sobre si me mato o no deliberadamente. Una aseguradora que ofreciera un seguro de suicidio por supuesto atraería a potenciales candidatos al suicidio. Podría acudir a ella porque quiero hacer a mi mujer un gran favor, pagar la prima, dispararme mortalmente y entonces ella sería millonaria. La empresas que aseguraran algo así probablemente desaparecerían del mercado muy rápidamente.

O tomemos otro ejemplo. ¿Sería posible asegurarnos contra provocar un incendio, es decir, contra el resigo de incendiar nuestra propia casa? De nuevo la respuesta parece estar clara: cualquier evento que podamos producir deliberadamente (o afectar a la probabilidad de que se produzca) es, en términos estrictos, un evento no asegurable. El riesgo de que mi casa se incendie por un rayo es asegurable, el riesgo de que yo incendie mi casa no es asegurable.

Tomemos ahora el ejemplo del desempleo. Como sabéis, hay algo llamado “seguro de desempleo”. En el mundo moderno hemos inventado el arte de calificar incorrectamente las cosas, de aplicar términos que son completamente inapropiados y luego tratar de engañar a la gente para que crea que cambiando las palabras hemos cambiado la naturaleza de las cosas.

El desempleo es un riesgo no asegurable. Tengo un control completo sobre estar empleado o no estarlo. Todo lo que tengo que hacer es decir a mi jefe lo que realmente pienso de él y pronto estaré desempleado. Por otro lado, puedo asegurarme casi siempre de que estaré empleado si estoy dispuesto s aceptar recortes salariales drásticos, por ejemplo. Si trabajara gratis, estaría empleado. Así que evidentemente este no es un riesgo asegurable. Cae en el ámbito de la responsabilidad individual.

He aquí un ejemplo que empieza a llevarnos en dirección a la cuestión del seguro sanitario: el riesgo de no sentirse bien por la mañana y no salir de la cama. Ninguna aseguradora podría nunca cubrir un “riesgo” así, porque la gente sí tiene al menos algún control sobre cómo se siente por la mañana. Si yo me asegurara contra este riesgo (ser pagado cada vez que no me sienta bien), podéis estar bastante seguros de que estaría más tiempo en la cama de lo que estoy ahora.

Así que con respecto a todos estos riesgos, no puedo decir: “No sé nada acerca del riesgo concreto, excepto que soy una persona y todas las personas se ven afligidas por estos riesgos con cierta frecuencia”. De hecho sé considerablemente más acerca de mi riesgo individual, igual que vosotros sabéis considerablemente más acerca de vuestros riesgos individuales.

Tomemos un ejemplo en el que tengamos al menos un control parcial. ¿Puedo asegurarme contra el riesgo de tener pérdidas empresariales? Evidentemente no. Aunque no tenga control directo sobre las acciones de los compradores y no compradores de mis productos (aquellos que sí determinan directamente mis pérdidas y ganancias), sí tengo algún control sobre el éxito o fracaso de mi negocio. Tengo el control sobre mis costes de producción, así como el tipo y calidad y precio del producto que produzco. De hecho, puede generar pérdidas deliberadamente si quiero. Sería imposible poner en común mi riesgo con el de otros empresarios, como las pérdidas fueran algo similar a que te caiga un rayo.

Ahora con esta distinción entre eventos accidentales, que son asegurables, y eventos que no son asegurables porque la acción individual puede afectar a su probabilidad, ¿qué podemos decir entonces acerca de la posibilidad de un seguro sanitario?

Lo primero que podemos decir es que la enfermedad solo es asegurable en la medida en que el riesgo de salud para un grupo concreto sea puramente accidental. Ese es el caso en ciertas formas de seguro de accidentes o incluso para casos como el cáncer. Pero para la mayoría de los riesgos de salud tendríamos que decir que caen en la zona del control individual y muy poco en este campo es realmente asegurable. Esos riesgos deben asumirse individualmente y deben pagarse con los ahorros personales.

Ahora, en todo el debate reciente acerca del seguro sanitario y la reforma de la atención sanitaria, se menciona raramente o nunca el hecho de que ciertas cosas son completamente inasegurables. Mises fue la excepción. En 1922, mucho antes de la actual locura de la atención sanitaria, Mises trataba estos asuntos en su libro Socialismo. He aquí una cita que es muy reveladora:

Para los defensores intelectuales del seguro social y para los políticos y estadistas que lo aprobaron, salud y enfermedad aparecen como dos condiciones del cuerpo humano radicalmente distintas entre sí y siempre reconocibles sin dificultad o duda. Cualquier doctor podía diagnosticar las características de la “salud”. La “enfermedad” era un fenómeno corporal que se mostraba independientemente de la voluntad humana y no era susceptible de verse influida por la voluntad.

Y luego comenta sobre esto diciendo:

Pero todas las proposiciones de esta teoría son falsas. No hay una frontera claramente definida entre salud y enfermedad. Estar enfermo no es un fenómeno independiente de la voluntad consciente y de fuerzas psíquicas trabajando en el subconsciente. La eficiencia de un hombre no es meramente el resultado de su condición física: depende en buena parte de su mente y voluntad. Así que toda la idea de ser capaces de distinguir, mediante examen médico, los aptos de los no aptos y de los que fingen y los capaces de trabajar de los incapaces de trabajar, resulta ser insostenible. Los que creían que los seguros de accidentes y salud podrían basarse en medios completamente eficaces de evaluar enfermedades y lesiones y sus consecuencias se equivocaban muchísimo. El aspecto destruccionista del seguro de accidentes y salud se basa sobre todo en el hecho de que esas instituciones promueven accidentes y enfermedades, obstaculizan la recuperación y muy a menudo crean, o al menos intensifican y alargan, los desórdenes funcionales que siguen a la enfermedad o el accidente.

Volviendo al ejemplo que di antes: Supongamos que pudiésemos asegurarnos contra no sentirnos los suficientemente bien como para levantarnos de la cama por la mañana. Podemos ver fácilmente que esto crearía una clase de gente que finge y desanimaría a la gente a levantarse, independientemente de cuál pueda ser su condición física.

Ahora a la vista de todo esto, cuando observamos la cuestión del seguro sanitario, esperaríamos que la mayoría de los riesgos hayan sido asumidos individualmente. El seguro (la puesta en común de riesgos en grupos) tendría que haberse limitado a la variedad estrictamente accidental de los riesgos, e incluso ahí, los individuos pueden aparentar fraudulentamente “accidentes”, como es bastante frecuente en el caso de la indemnización a los trabajadores.

Y, por supuesto, la empresas de seguro tendrían que ofrecer una cobertura estrictamente limitada: No habría cobertura para riesgos recién descubiertos, por ejemplo. Tampoco habría cosas como “coste extra”, en el que, por ejemplo, mi casa arde y puedo obligar a la aseguradora a construirme una casa más grande. La seguradora solo aseguraría el valor de la casa hasta el valor que aseguré. Bajo el sistema actual, vemos costes extra constantemente en forma de Medicare y Medicaid, donde cualquier cosa que los doctores estimen necesaria se cubre automáticamente.

Generalmente, el seguro tendrá la forma de indemnización o pago en efectivo. Algunas aseguradoras podrían ofrecer servicios en especie en proveedores concretos y limitados o instalaciones proveedoras, pero esta opción sería menos atractiva para la mayoría de los clientes y también para la mayoría de los proveedores de seguros.

Cualquier expansión adicional en asuntos de salud, si tiene lugar en absoluto, sería severamente restringida a casos de grupos muy pequeños que, como compradores de servicios de mantenimiento sanitario individual de un proveedor específico, son extremadamente homogéneos. Podemos imaginar, por ejemplo, que la gente se dedicaría a servicios de seguro mutuo si su grupo puede ejercitar un control social extremo. Para asegurarse de que no hay falsos enfermos incluidos, los miembros de ese grupo tendrían que tener supervisiones similares en vida.

Si ahora miramos la realidad actual del seguro sanitario, nos damos cuenta de inmediato de que la situación actual tiene muy poco o nada que ver con lo que esperaríamos de un mercado libre de seguros. Lo que caracteriza la situación actual es, ante todo, que grupos de riesgo manifiestamente distintos se agrupan juntos en un grupo reunido. Además, el actual sistema de seguro de atención sanitaria cubre riesgo que son inasegurables, estrictamente hablando.

En buena medida, el seguro sanitario se ha convertido en una forma del estado del bienestar, la maquinaria de redistribución de rentas. ¿Cómo ha pasado esto? Regulación de los seguros.

Regulación estatal de los seguros
Dejadme que os dé algunos ejemplos de las perversiones que se han introducido en el mercado de los seguros debido a las regulaciones estatales. Las empresas de seguros en Estados Unidos están reguladas tanto a nivel estatal como federal. El número de regulaciones estatales solo han aumentado de un total de 8 órdenes en 1965 a cerca de 1.000 a principios de la década de 1990. No he mirado las cifras más recientemente, pero estoy seguro de que suben cada día.

En 49 estados, se obliga a las aseguradoras a cubrir tratamientos contra el alcoholismo, que es evidentemente algo que puede verse afectado individualmente (o incluso si decimos que no puede verse afectado individualmente, tendríamos que decir que no afecta a todos de la misma manera). Sin embargo, todas las aseguradoras deben ofrecer un seguro contra alcoholismo.
En 27 estados, deben cubrir tratamientos contra la adicción a las drogas. En otras palabras, gente que sabe que nunca tomará ninguna droga adictiva tiene sin embargo que pagar mediante sus primas a gente que sí las usará y está afectada por este riesgo particular.
La cobertura de quiroprácticos es obligatoria en 45 estados.
Los podólogos (doctores de pies) en 37 estados.
Los psicólogos están cubiertos por mandato en 36 de los estados. Repito, debería estar perfectamente claro que el deseo de ir o no a loqueros puede estar afectado individualmente. Conozco gente que va a loqueros constantemente. Yo no entraría nunca en la consulta de un loquero. Sin embargo, mediante mi prima de seguro sanitario, tengo que pagar por el riesgo de un grupo que es claramente distinto de mi propio riesgo.
En 22 estados, los servicios de trabajadores sociales tienen que incluirse en la cobertura y por supuesto se reflejan en la prima.
Georgia obliga a cubrir los trasplantes de corazón. Repito de nuevo, los trasplantes de corazón podrían indudablemente ser un riesgo contra el que cabe asegurarse, pero debería quedar perfectamente claro que este riesgo es distinto para distintos grupos. Alguna gente tiene una predisposición genética a las enfermedades coronarias y otra no. No puedes renunciar a este tipo de cobertura. La tienes estés afectado por ella o no y tienes que pagar, estés afectado o no.
El Illinois, tienen que incluirse los trasplantes de hígado. En Minnesota, tienen que incluirse los peluquines. Otra vez debería estar bastante claro que distintas familias tienen distintos riesgos de pérdida de cabello.
El consejo matrimonial tiene que estar incluido en California. El consejo pastoral en Vermont.
Y (está muy bien) los bancos de esperma en Massachusetts. (Si tuvieseis que predecir un estado en el que tendría que estar cubierto, por supuesto Massachusetts es el que os vendría primero a la cabeza, estoy seguro).
En más de una docena de estados, el seguro no puede hacer ninguna pregunta relacionada con el SIDA. Y en Washington DC (de nuevo un lugar en el que cabría esperarlo) se prohíbe cualquier tipo de test de VIH para cualquier asegurador. Es casi como si pudieses incendiar primero tu casa y luego retroactivamente asegurarte contra ello.
En California (de nuevo un candidato poco sorprendente para este tipo de tonterías) no puede haber ninguna discriminación entre cualquier aspecto genético que distinga a las personas. Por ejemplo, la anemia falciforme afecta principalmente a los hombres negros. A nadie se le permite investigar esto desde el principio. La enfermedad de Tay-Sachs afecta principalmente a los judíos, pero eso no puede ser considerado cuando se asegura contra el riesgo de enfermedad. Con los avances que hemos logrado en investigación genética, estos tipos de diferenciaciones se harán cada vez más precisos al avanzar el progreso científico, pero a las aseguradoras se les prohíbe aprovechar este tipo de progreso.
Todas estas órdenes son en el mejor de los casos una mezcla de bendiciones para las aseguradoras. Por un lado, como las aseguradoras tienen que cubrir cada vez más riesgos inasegurables, se ven continuamente obligadas a aumentar las primas. La regulación estatal les permite tener esos precios superiores, porque se ha impedido la competencia de proveedores de seguros con mayor grado de discriminación.

Pero al ir subiendo los precios, cada vez más gente abandona completamente el mercado del seguro. Reconocen que la mayoría de los riesgos no les aplican y toman la decisión racional entre estar “sobresegurados” con primas extraordinariamente altas o quedarse sin seguro. Tengamos en cuenta que en la discusión actual acerca de todas estas cosas, hay quejas constantes acerca de toda esa gente que no tiene seguro, sin por supuesto destacar que en buena medida este es precisamente el efecto de las políticas intervencionistas previas.

Cada vez es más racional que la gente no tenga seguro.

Por supuesto, abandonar el mercado del seguro es algo arriesgado, pero la gente joven sana tiene que estar casi chalada para pagar las altas primas que suponen subvencionar estos estilos de vida poco sanos y cubrir riesgos que no les aplican.

Hay una lección en la lógica del intervencionismo.[3] La primera acción intervencionista produjo un gran lío: las primas de seguro siempre suben porque a las aseguradoras ya no se les permite discriminar correctamente y se ven incluso obligadas a incluir riesgos no asegurables. Así que ahora se plantea el problema de que cada vez más gente los abandona. Para quienes siguen asegurados, las primas tienen que aumentar para ajustarse al hecho de que muchos están abandonando.

El siguiente paso, que en Estados Unidos estamos a punto de dar, es hacer obligatorio el seguro sanitario. ¡No más abandonos! Si se da este paso (seguro sanitario obligatorio, con todas las demás órdenes en vigor) entonces por supuesto las primas se dispararán aún más de lo que lo hicieron en el pasado.

¿Cuál será entonces el siguiente paso? También puede predecirse fácilmente: deben imponerse controles. Habrá una rebelión por parte del público, que dirá: “¡El precio está fuera de control! ¡El gobierno tiene que hacer algo!” Pero todo lo que puede hacer el gobierno es imponer controles de precios. ¿Qué pasa con los controles de precios? Tenemos enormes escaseces de ciertos servicios, como en lugares como Canadá, donde no puedes conseguir ciertos tratamientos y hay listas de espera de uno o dos años para otros.

Toda provisión de atención sanitaria se verá cada vez más politizada: el gobierno creará listas de enfermedades buenas para las que conseguirás tratamiento (como el SIDA, estoy seguro) y enfermedades malas, como las que derivan de fumar demasiado. A los que tengan estas enfermedades el gobierno les dejará morir.

¿A dónde lleva luego todo esto? La intervención en el mercado del seguro crea una perdida constantemente creciente de responsabilidad individual, crea miopía y crea riesgos. Dejadme que os cite otra vez a Mises, que era extremadamente sagaz a este respecto:

Las fuerzas psíquicas que están en activo en todo ser viviente, incluyendo el hombre, en forma de una voluntad de salud y un deseo de trabajar, no son independientes del entorno social. Ciertas circunstancias las fortalecen, otras las debilitan. El entorno social de la una tribu africana que vive de la caza está decididamente calculado para estimular estas fuerzas. Lo mismo vale para el entorno muy distinto de los ciudadanos de una sociedad capitalista, basada en la división del trabajo y la propiedad privada. Por otro lado, un orden social debilita estas fuerzas cuando promete que si el trabajo de la persona se ve perturbado por la enfermedad o los efectos de un accidente, vivirá sin trabajar o trabajando poco, sin sufrir ninguna reducción notable en su renta. Las cosas no son tan sencillas como parecen a la ingenua patología del doctor del ejército o la prisión.

El seguro social ha creado por tanto la neurosis de los asegurados, una peligrosa enfermedad pública. Si se extiende y desarrolla la institución, la enfermedad se extenderá. No ayudará ninguna reforma. No podemos debilitar o destruir la voluntad de salud sin producir enfermedad.

Los cárteles
Dejadme añadir algunos comentarios finales sobre los altos precios que tenemos que pagar por la atención sanitaria. La regulación del seguro es solo una razón para este problema. También están los importantes problemas de la FDA y la AMA.

Para arreglar el sistema de atención sanitaria, tenemos que abolir la FDA y todas las administraciones públicas de salud e higiene, que obligan a que todos los productos farmacéuticos estén licenciados antes de poder llegar al mercado. Estas instituciones retrasan la producción y entrega de medicinas, aumentan los costes de producción y por tanto causan precios innecesariamente altos, así como las innecesarias muertes y sufrimientos que derivan del hecho de que no aparezcan medicinas eficaces hasta que mucha gente ha muerto o sufrido durante años.[4]

Además de la regulación de los seguros y las licencias farmacéuticas, todos los estados de bienestar tienen requisitos de licencia altamente restrictivos para facultades de medicina, hospitales y farmacias, para doctores en medicina y otro personal sanitario. Es decir, la oferta de doctores, por ejemplo, está restringida sistemáticamente. Como todas las profesiones, la profesión médica ha intentado cartelizar el sector, reducir la oferta de doctores y así aumentar el precio de los servicios médicos. La American Medical Association (AMA) ha tenido más éxito a este respecto que otras profesiones. Se han dedicado a lo que son básicamente políticas sindicales, la cartelización de su forma de trabajo.

La herramienta que usó la AMA para crear y mantener su cártel laboral es el licenciamiento público de las escuelas médicas. Como sabéis, hay una enorme demanda de gente para estudiar medicina. ¿Por qué hay entonces escasez en la provisión de educación médica? En un mercado no intervenido, la respuesta normal a esa escasez sería la creación de nuevas escuelas médicas. ¿Por qué no desaparece entonces esta escasez? ¿Por qué hay largas colas de personas que no rechazadas y no pueden ingresar en la facultad de medicina? La respuesta es, por supuesto, porque la apertura de nuevas facultades de medicina está prohibida.

¿Y quién está detrás de esta prohibición de nuevas escuelas? La misma gente que incluso intenta obligar a las escuelas médicas existentes a no cubrir todas las plazas que tienen: los médicos actualmente establecidos.[5] Eliminando todos los requisitos de licencia para escuelas médicas y doctores, la oferta de productos y servicios de atención sanitaria aumentaría casi instantáneamente y los precios bajarían en general, y además aparecerían en el mercado una mayor variedad de productos de atención sanitaria.

¿Qué pasa con la calidad de la nueva oferta de productos y profesionales? Agencias de acreditación en competencia tomarían el lugar de las licencias públicas obligatorias que existen actualmente, suponiendo que los proveedores de atención sanitaria crean que esa acreditación mejorará sus reputaciones y los buscadores de atención médica crean que mejora su seguridad. Los doctores presentarían su solicitud en el grupo de acreditación más restrictivo cuyos estándares crea que puede cumplir. Algunos se presentarían al Consejo de Acreditación Médica de Harvard, algunos al Consejo de Acreditación de la Autoridad del Valle del Tennessee o lo que sea. Los clientes acudirían a la acreditación o las clasificaciones de los consejos en los que más confíen para los mejores doctores que puedan permitirse.

Para quienes creen que la seguridad del consumidor se vería dañada bajo un sistema tan abierto y competitivo (un mercado libre en la atención sanitaria), dejadme que use una analogía. Supongamos que fuerais a decir: “Mirad, alguna gente tiene automóviles Chevy viejos, que son menos seguros y menos cómodos. Esto está lejos de nuestro objetivo de que todos los consumidores tengan solo lo mejor. Por tanto deberíamos insistir en que todos los automóviles tengan los estándares de un BMW o Mercedes”. ¿Acabaríamos todos con la comodidad y seguridad de conducir coches de lujo? Por supuesto que no. Muchos tendríamos que recurrir a bicicletas o ir a pie. Si todos los automóviles tuvieran que ser de lujo, muy pocos podríamos conducir ningún tipo de automóvil.

Con respecto a los doctores, se ha producido una situación similar. Básicamente, hemos prohibido todos los doctores Chevy, que se centran en los menos caros problemas menores de salud (que son, en realidad, los que tiene la mayoría de la gente) y nos vemos obligados en su lugar a usar doctores Mercedes, que cobran precios de Mercedes incluso para males que puede arreglar gente con mucha menos formación.

Publicado originalmente el 7 de marzo de 2006. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

[1] Salvo, por supuesto, que exista el motivo por parte de los asegurados de subsidiar a otros grupos. Si soy un fanático del fútbol y no me importa pagar una prima mayor por su riesgo, entonces puede tener lugar esta redistribución sistemática de rentas.

[2] Mises, La acción humana, capítulo 6, sección 3.

[3] “El intervencionismo no puede considerarse como un sistema económico destinado a permanecer. Es un método para la transformación del capitalismo en socialismo por una serie de pasos sucesivos”. Ludwig von Mises, “Middle of the Road Policy Leads to Socialism”.

[4] Dale Steinreich, “Playing God at the FDA”.

[5] Ver los artículo de Dale Steinreich para Mises.org “100 Years of Medical Robbery” y “Real Medical Freedom”. Ver también Henry Jones, 2How Medical Boards Nationalized Health Care”.

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Seguidor del gran Filósofo Libertario el Dr Hans-Hermann Hoppe
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