El “tipo natural de interés” es siempre positivo y no puede ser negativo

Algunos economistas han venido argumentando que el “tipo de interés real de equilibrio” (es decir, el “tipo natural de interés” o el “tipo originario de interés”) se ha convertido en negativo, ya que un “estancamiento secular” ha causado supuestamente un “empacho de ahorro”.1

La idea es que los ahorros excedían la inversión y que hace falta un tipo real negativo de interés para alinear los ahorros con la inversión. Desde el punto de vista de la Escuela Austriaca, la noción de un “tipo real de interés de equilibrio negativo” no tiene ningún sentido en absoluto.2

Para demostrar esto, desarrollemos el caso paso a paso. Para empezar, hay que hacer una distinción entre dos clases de tipos de interés: está el tipo de interés del mercado y está el tipo originario de interés.

El tipo de interés del mercado es el resultado de la oferta y la demanda de ahorros en el mercado. Puede observarse, por ejemplo, en el mercado de depósitos, bonos o préstamos para distintos plazos y calidades de créditos.

El tipo originario de interés es una categoría de la acción humana, al decir que el hombre actúa valora los bienes disponibles en el presente más que los bienes disponibles en el futuro. En otras palabras: Los bienes futuros se comercian con un descuento en el precio en relación con los bienes presentes. Por ejemplo, 1$ disponible hoy es preferible a 1$ disponible dentro de un año.

Si 1$ a recibir en un año se valora en, digamos, 0,909$, el tipo originario de interés es el 10%. (1$ dividido por 0,909 menos 1 da 0,10 o 10%, por cierto). Un 10% es aquí el tipo originario de interés (sin contar con otras primas).

El “tipo originario de interés” refleja un diferencial de valor
El tipo originario de interés expresa un diferenciald e valor, que resulta de la llamada preferencia temporal.3 El término preferencia temporal denota que el hombre que actúa prefiere una satisfacción temprana de deseos a una satisfacción posterior de deseos.

La preferencia temporal es siempre y en todo caso positiva y lo mismo pasa con el tipo originario de interés. Esto es, ante todo, lo que nos diría el sentido común.

Si el tipo originario de interés estuviera casi en cero, esto significaría que se prefieren dos manzanas en, digamos, 1.000 años por encima de una manzana disponible hoy. Un tipo originario de interés verdaderamente cero implica que el horizonte de planificación o “periodo de provisión” del actor es infinitamente largo, lo que es otra forma de decir que nunca actuaría en absoluto, sino que continuamente atrasaría al futuro el logro de sus objetivos.

La idea de que la preferencia temporal y el tipo originario de interés puedan ser cero no solo suena absurda, sino que es una imposibilidad lógica: Una preferencia temporal positiva y un tipo originario de interés positivo están lógicamente implícitos en el irrefutablemente verdadero “axioma de la acción humana”.

La acción humana es un comportamiento con un propósito, lo que implica el uso de medios para alcanzar fines. La acción requiere tiempo (es imposible pensar otra cosa). Así, el tiempo es un medio indispensable y escaso para alcanzar fines. Como tal, debe economizarse, lo que implica necesariamente que una satisfacción anterior de deseos se prefiere a una satisfacción posterior de deseos.

Por tanto, por razones (praxeo)lógicas, la preferencia temporal el tipo originario de interés no pueden caer a cero, no digamos convertirse en negativo. Las implicaciones de un tipo negativo originario de interés no pueden ni siquiera concebirse por la mente humana: Un tipo cero originario de interés ya implica ninguna acción durante toda la eternidad.

Argumentos poco convincentes
Sin embargo, algunos argumentan que debido a las crecientes incertidumbres relacionadas con una mayor esperanza de vida, la gente podría preferir cada vez más un consumo futuro frente a un consumo presente y que esto podría empujar la preferencia temporal y el tipo originario de interés al territorio negativo.

No cabe duda de que las preferencias temporales de la gente pueden disminuir con el tiempo, lo que implica aumenta el ahorro de la renta actual mientras disminuye el consumo. Aunque la preferencia temporal y por tanto el tipo originario de interés puedan caer, por razones lógicas no pueden llegar a cero, ni mucho menos ser negativos.

Otro argumento se refiere al asunto de la “saturación” y funciona como sigue: Supongamos que tienes dos manzanas y te comes una. Tu hambre está ahora saciada, así que prefieres comer mañana la manzana restante a comerla hoy. ¿No prueba esto que la gente puede valorar bienes futuros más que bienes presentes, que la preferencia temporal y el tipo originario de interés pueden ser nativos?

No, no lo hace. El no consumo de la segunda manzana hoy puede explicarse fácilmente por el hecho de la utilidad marginal de comer la manzana es ahora menor que comerla mañana o al día siguiente, incluso si la utilidad marginal se descuenta por un tipo originario de interés positivo.

Dicho esto, el ejemplo anterior está mal construido.4 No ilustra el caso relevante, que es el caso en el que el hombre que actúa considera usos alternativos del mismo bien y por tanto no demuestra en absoluto que la preferencia temporal y por tanto el tipo originario de interés puedan ser negativos.

El fin de la economía de mercado
¿Cuál es la relación entre el tipo de interés del mercado y el tipo originario de interés? Por ejemplo, en el mercado del préstamo, el tipo de interés de los préstamos se ajusta al tipo originario de interés. Si, por ejemplo, el tipo originario de interés es del 2% y las primas de crédito e inflación son del 1% respectivamente, el tipo de interés del mercado sería un 4%.

Los tipos de interés del mercado pueden convertirse en negativos en términos reales. En un “mercado intervenido”, por ejemplo, el banco central puede empujar el tipo real de interés del mercado a territorio negativo. Sin embargo esto no representa ni puede representar un equilibrio, ya que la preferencia temporal y por tanto el tipo originario de interés no pueden convertirse en negativos.

Si un banco central realmente tuviera éxito en hacer que todos los tipos de interés del mercado fueran negativos en términos reales, el ahorro y la inversión darían un frenazo chirriante: como la preferencia temporal y el tipo originario de interés son siempre positivos, el “ahorro capitalista” (la acumulación de bienes pensados para mejorar el proceso de producción) llegaría a su fin. Se produciría un consumo de capital, enviando a la humanidad de vuelta a la pobreza. Sería el fin de la economía de mercado.

Podría ser interesante advertir en este contexto que, por ejemplo, los nacionalsocialistas en Alemania habían reclamado la abolición, la prohibición del tipo de interés. Ahora sabéis por qué: Sin un tipo (originario) de interés positivo, la economía de mercado dejará de funcionar.

El verdadero propósito de la política de tipos negativos de interés
Por alguna razón, quienes argumentan que el tipo originario de interés se ha convertido en negativo parecen olvidar que el tipo originario de interés es un fenómeno que no se limita a los mercados del crédito. Se encuentra en todos los mercados en los que bienes presentes se intercambian por bienes futuros.5

Por ejemplo, el tipo originario de interés prevalece en cada etapa de la producción indirecta que consume tiempo en la economía. El tipo originario de interés también existe en la bolsa, donde los inversores intercambian dinero presente por un derecho a un dinero futuro (que es el pago de dividendos de una empresa).

Si quisieran ser coherentes, los creyentes en un tipo originario de interés negativo tendrían que reclamar una política que no haga negativos los tipos de interés en términos reales en el mercado, pero también en los mercados de, digamos, las acciones y la vivienda.

Sin embargo, una política que defienda destruir los valores de las empresas y la riqueza en vivienda de la gente no sería demasiado bien aceptada por la gente y esos economistas que la recomienden no podrían esperar ser alabados.

La consecuencia de tipo negativo de interés en el mercado real debería ser ahora evidente: Es realmente una política pérfida para devaluar el valor real de la deuda pendiente y es una receta para crear caos en la economía.

Publicado originalmente el 21 de marzo de 2015. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

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Seguidor del gran Filósofo Libertario el Dr Hans-Hermann Hoppe
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