El Mito de que el Laissez Faire es Responsable de nuestra Crisis Actual

Mises.org – Artículo Diario, por George Reisman – Publicado el 10/23/2008.

Los noticieros de los medios de comunicación están en el proceso de creación de un nuevo gran mito histórico. El mito de que nuestra actual crisis financiera es el resultado de la libertad económica y del ‘laissez-faire’ del capitalismo.

El intento de echar la culpa al ‘laissez-faire’ se puede fácilmente confirmar con una búsqueda en Google de los términos “crisis + laissez faire“. En la primera página de los resultados que surgen, o en las páginas-web listadas como resultado de la búsqueda, aparecen las siguientes declaraciones típicas:

           La crisis de las hipotecas es el ‘laissez-faire’ descarriado”.

           Sarkozy [Nicolás Sarkozy, Presidente de Francia]. Dijo que la economía del ‘laissez-faire’, la autorregulación y la opinión de que el omnipotente mercado es sabio están acabadas”.

           La ideología americana del ‘laissez-faire’, tal como se practicó durante la crisis de las hipotecas (subprime), fue tan simplista como peligrosa, recalcó Peer Steinbrück, el Ministro de Hacienda alemán”.

           Paulson trae un enfoque tipo ‘laissez-faire’ sobre la crisis financiera”.

           Este es el ‘au revoir’ a los días del ‘laissez-faire’” [[1]].

Recientes artículos en el New York Times proporcionan una mayor confirmación. Un artículo declara, “Los Estados Unidos tienen una cultura que celebra el ‘laissez-faire’ del capitalismo como ideal económico...” [[2]]. Otro artículo nos dice, “Durante 30 años, el sistema político de la nación se ha inclinado en favor de la desregulación de las empresas y en contra de nuevas normas” [[3]]. En un tercer artículo, un par de periodistas afirman: “Desde 1997, Brown [Primer Ministro británico], ha sido una voz poderosa detrás del abrazo del Partido Laborista de una filosofía económica estilo americano, ligera en reglamentaciones. El enfoque ‘laissez-faire’ alentó a los bancos del país a ampliar sus operaciones internacionalmente y a perseguir utilidades en áreas muy lejanas de su misión fundamental de atraer depósitos” [[4]]. Así pues, incluso a la Gran Bretaña se la describe como teniendo un enfoque ‘laissez – faire’.

La mentalidad mostrada en estas declaraciones es tan completa y totalmente contradictoria con el significado real de ‘laissez-faire’ que se podría describir la política económica de la antigua Unión Soviética como una de ‘laissez-faire’ en sus últimas décadas. En su lógica, que es la forma en que tendría que describirse la política de Brezhnev y sus sucesores, de permitir que los trabajadores de las granjas colectivas pudieran cultivar parcelas de tierra hasta de un acre de tamaño, por su propia cuenta, y vender los productos en los mercados agrícolas de las ciudades Soviéticas. Según la lógica de los medios de comunicación, esto también sería ‘laissez faire’ – al menos en comparación con la época de Stalin.

El ‘laissez-faire’ del capitalismo tiene un significado definido, el cual es totalmente ignorado, entra en contradicción, y es francamente distorsionado con declaraciones tales como las citadas anteriormente.

El ‘laissez-faire’ del capitalismo es un sistema político-económico basado en la propiedad privada de los medios de producción y en el que los poderes del Estado se limitan a la protección de los derechos del individuo contra el uso de la fuerza física. Esta protección se aplica a la incoación de la fuerza física por otras personas privadas, por gobiernos extranjeros y, más importante, por el propio gobierno donde reside el individuo. Este último se logra por medios tales como una constitución escrita, un sistema con división de poderes, un sistema de pesos y balanzas, una declaración explícita de derechos, y una eterna vigilancia por parte de la ciudadanía, la cual tiene derecho a poseer y a portar armas. Bajo el ‘laissez-faire’ del capitalismo, el Estado consiste esencialmente en sólo una fuerza de policía, tribunales de justicia, y un establecimiento de defensa nacional, que pueda disuadir y combatir a quienes inicien el uso de la fuerza física. Y nada más.

El absurdo total de las declaraciones afirmando que el presente ambiente político-económico de los Estados Unidos en cierto sentido representa el ‘laissez-faire’ del capitalismo, se convierte en algo tan claro y evidente si se tiene en cuenta el muy limitado papel de los gobiernos bajo el ‘laissez-faire’ y, a continuación considera los siguientes hechos acerca de los Estados Unidos de hoy:

1.         El gasto público en los Estados Unidos actualmente equivale a más del cuarenta por ciento del ingreso nacional, es decir, de la suma de todos los sueldos y salarios y de las utilidades e intereses devengados en el país. Esto sin contar ninguno de los gastos masivos, por fuera del presupuesto, tales como aquellos por cuenta de las empresas del gobierno Fannie Mae y Freddie Mac. Tampoco incluye ninguno de los gastos en los varios y recientes “rescates” de entidades financieras. Lo que esto significa es que, sustancialmente más de cuarenta dólares de cada cien dólares devengados, son retenidos por el gobierno en contra de la voluntad de los ciudadanos individuales que han logrado tal ingreso. El dinero y los bienes implicados son entregados al gobierno sólo porque los ciudadanos quieren evitar la cárcel. La libertad de disponer de sus propios ingresos y producción es pues, violada a una escala colosal. En contraste, en virtud del ‘laissez-faire’ del capitalismo, el gasto público tendría una escala de modestia tal que los meros ingresos arancelarios podrían ser suficientes para sufragarlo. Los impuestos de renta a empresas e individuos, los impuestos sobre la herencia y las ganancias de capital, y los impuestos para la seguridad social y el Medicare no existirían.

2.         En la actualidad hay quince departamentos (equivalente a ministerios) del gabinete federal, nueve de los cuales existen con el propósito de interferir respectivamente con la vivienda, el transporte, la sanidad, la educación, la energía, la minería, la agricultura, el trabajo, el comercio, y prácticamente todos en la actualidad, de forma rutinaria, pisotean uno o más aspectos importantes de la libertad económica del individuo. De conformidad con el ‘laissez-faire’ del capitalismo, once de los quince departamentos del gabinete dejarían de existir y sólo los departamentos de justicia, defensa, estado, y tesorería seguirían existiendo. Dentro de esos departamentos, además, habría lugar a nuevas reducciones, como la abolición del IRS en el Departamento del Tesoro y la División Antimonopolio del Departamento de Justicia.

3.         La injerencia económica de los departamentos actuales del gabinete se ve reforzada y amplificada por más de un centenar de agencias y comisiones federales, las más conocidas de las cuales incluyen, además del IRS, el FDIC y el FRB, el FBI y la CIA, EPA, FDA, SEC, CFTC, NLRB, FTC, FCC, FERC, FEMA, FAA, CAA, INS, OHSA, CPSC, NHTSA, EEOC, BATF, DEA, NIH, y la NASA. Bajo el ‘laissez-faire’ del capitalismo, todos esos organismos y comisiones se harían desaparecer, con la excepción del FBI, que se reduciría a sus legítimas funciones de contraespionaje y lucha frente a los delitos, contra personas o bienes, que se lleven a cabo traspasando fronteras estatales.

4.         Para completar este catálogo de injerencia del Gobierno y de atropello a cualquier vestigio de ‘laissez-faire’, a finales de 2007, último año del cual se disponen datos, en el Registro Federal figuran setenta y tres mil páginas llenas de regulaciones gubernamentales detalladas. Este es un aumento de más de diez mil páginas, desde 1978, años durante los cuales, de acuerdo con los artículos del New York Times citados anteriormente, nuestro sistema se ha “inclinado a favor de la desregulación de los negocios y en contra de nuevas normas”. Bajo el ‘laissez-faire’ del capitalismo, no habría Registro Federal. Las actividades de los restantes departamentos del gobierno y sus subdivisiones estarían controladas exclusivamente por leyes debidamente promulgadas y no por reglamentos dictados por funcionarios públicos no elegidos.

5.         Y, por supuesto, a todo esto hay que añadir el masivo aparato de leyes, departamentos, agencias, y regulaciones a nivel estatal y local. De conformidad con el ‘laissez-faire’ del capitalismo, estos también, en su mayor parte, serían totalmente abolidos y lo que quede debe reflejar el mismo tipo de reducciones radicales en tamaño y alcance de actividad gubernamental que aquellas llevadas a cabo en el ámbito federal.

Lo que esta breve reseña ha demostrado es que el sistema político-económico de los Estados Unidos hoy en día está tan lejos del ‘laissez-faire’ del capitalismo cuanto más cerca de un sistema de estado policial. Se puede catalogar la capacidad de los medios de comunicación, de hacer caso omiso de la masiva intrusión del Gobierno prevalente hoy y de caracterizar nuestro actual sistema económico como uno de ‘laissez-faire’ y de libertad económica, sino de profundamente deshonesta, por lo menos equivocada.

La intervención del gobierno realmente es la responsable de la crisis.

Más allá de todo esto está el hecho de que actualmente la responsabilidad de nuestra crisis financiera radica precisamente en la masiva intervención del gobierno, sobre todo la intervención de la Reserva Federal para tratar de crear capital de la nada, en la creencia de que la mera creación de dinero y su puesta a disposición del mercado crediticio es un sustituto para el capital creado por la producción y el ahorro. Esta es una política que ha aplicado desde su fundación, pero con excepcional vigor desde 2001, en sus esfuerzos por superar el colapso de la burbuja del mercado de valores, cuya creación había inspirado anteriormente.

La Reserva Federal y otras entidades del gobierno persiguen una política de creación de dinero y crédito en todo lo que hacen de forma tal que aliente y proteja a los bancos privados en el intento de engañar a la realidad haciendo parecer que uno puede guardar su dinero y prestarlo también, ambas cosas al mismo tiempo. Esta duplicidad se produce cuando los individuos o las empresas depositan dinero efectivo en los bancos, el cual pueden seguir utilizando para hacer compras y pagar facturas por medio de cheques en lugar de utilizar los billetes en circulación. A a los bancos entonces se les ha permitido y alentado a prestar fondos que han sido depositados en esta forma (por lo general mediante la creación de depósitos nuevos (o adicionales) en cuentas de cheques, en lugar de hacer los préstamos en moneda corriente), los bancos lo que hacen realmente es crear dinero nuevo y adicional. Los depositantes siguen teniendo su dinero y los prestatarios conservan en depósito la mayor parte de los fondos. En los últimos años, la Reserva Federal ha alentado en tal forma este proceso, que los depósitos creados en cuentas de cheques son iguales a cincuenta veces la reservas en efectivo de los bancos, una situación más que madura para una implosión.

Toda esta cantidad de dinero nuevo y adicional ingresando al mercado de préstamos es fundamentalmente capital ficticio, en el sentido de que no representa bienes de capital nuevos y adicionales en el sistema económico, sino más bien una simple transferencia de parte de la oferta existente de bienes de capital a diferentes manos, para ser usado de diferentes maneras, menos eficientes y, a menudo para despilfarrarlo de manera flagrante. La actual crisis de la vivienda es quizás, en toda la historia, el ejemplo más elocuente de ello.

Un capital probablemente de un billón y medio de dólares, o más, en cuentas de cheques nuevas y adicionales, se canalizó hacia el mercado de la vivienda como resultado de los tipos de interés artificialmente bajos causados por la presencia de una cantidad cada vez mayor de dinero nuevo y adicional en el mercado crediticio. Debido a la naturaleza de su financiación a largo plazo, la vivienda es especialmente susceptible a tipos de interés más bajos, los cuales pueden servir para reducir drásticamente la cuota mensual de los pagos de la hipoteca y de esta manera aumentar la correspondiente demanda de vivienda y de préstamos hipotecarios para financiarla.

Durante un período de años, el resultado fue un enorme incremento en la producción y compra de viviendas nuevas, que aumentó rápidamente los precios de la vivienda, y a renglón seguido, un incremento en espiral en la producción y compra de vivienda nueva con la expectativa de un aumento continuado de su precio.

Para calibrar la magnitud de su responsabilidad, sólo en el período del 2001 al 2008, la Reserva Federal causó un aumento en el suministro de capital en cuentas de cheques por más del 70 por ciento del total creado en sus anteriores 88 años de existencia – es decir, cerca de 2 billones de dólares [[5]]. Este fue el monto por el cual los depósitos en las cuentas de cheques superaron a las reservas bancarias, es decir, el dinero que los bancos tienen disponible para hacer los pagos en efectivo requeridos por los depositantes. La Reserva Federal causó este aumento de capital ilusorio al crear reservas bancarias nuevas o adicionales, no importa cuales, a fin de lograr una tasa de interés de fondos federales – es decir, la tasa de interés usada por los bancos en sus movimientos de reservas – que fuera bastante más baja que la tasa de interés determinada por el mercado. Durante los tres años transcurridos entre 2001 y 2004, la Reserva Federal empujó la tasa de fondos federales por debajo del 2 por ciento y, entre julio de 2003 a junio de 2004, la forzó aún más hasta alrededor del 1 por ciento. La Reserva Federal también hizo posible que los bancos operaran con un porcentaje mucho menor de reservas que nunca antes. Considerando que, en un mercado libre, los bancos tendrían reservas de oro iguales a sus depósitos en cuentas de cheques – o por lo menos una parte sustancial de ellos [[6]]. – la Reserva Federal en los últimos años ha logrado que operen con reservas en moneda irredimible de menos del 2 por ciento.

La Reserva Federal bajó la tasa de los fondos federales y provocó un gran incremento en el suministro de capital ilusorio a efectos de bajar todos los tipos de interés del mercado. El capital ilusorio adicional puede encontrar prestatarios sólo con las tasas de interés más bajas. La meta de la Reserva Federal era lograr tasas de interés tan bajas que no pudieran ni siquiera compensar el aumento de los precios. Se buscaba deliberadamente lograr una tasa real de interés negativa sobre el capital, es decir, una tasa por debajo de la tasa a la que aumentaban los precios. Esto significa que un prestamista, después de recibir intereses por un año, tiene un menor poder adquisitivo que el que tenía el año anterior, cuando sólo tenía el monto inicial.

Al hacerlo, el propósito último de la Reserva Federal era estimular la inversión y el gasto por parte de los consumidores. Quería que el costo de la obtención de capital fuera mínimo de tal modo que fuera invertido a la mayor escala posible y que las personas consideraran que quien guardara dinero estaba perdiendo, lo que estimularía el gastarlo más rápido. Más gasto, cada vez más gasto era la preocupación de la Reserva Federal, en la creencia de que eso es lo que se requiere para evitar el desempleo en gran escala.

Como resultado, la Reserva Federal obtuvo lo que quería con una tasa real de interés negativa, pero en cierta medida mucho más allá de lo que deseaba. Deseaba una tasa negativa de retorno real tal vez del 1 al 2 por ciento. Lo que logró en el mercado de vivienda fue una tasa real de retorno negativo medida como la pérdida de una porción importante del capital invertido.

En palabras del New York Times, “En el año transcurrido desde que comenzó la crisis, las instituciones financieras del mundo han expedido alrededor de $500 mil millones en títulos respaldados por hipotecas. A menos que se haga algo para detener la rápida disminución de los valores de la vivienda, estas instituciones es probable que expidan de $1 a $1.5 billones adicionales” [[7]].

Esta vasta pérdida de capital en la debacle de la vivienda es responsable de la incapacidad de los bancos para hacer préstamos a muchas empresas a las que podría y normalmente prestaría. La razón por la que no puede hacerlo ahora es que la riqueza y los fondos que se perdieron ya no existen y, por tanto, no pueden ser prestados a nadie. La política de la Reserva Federal de expansión del crédito basada en la creación de dinero nuevo y adicional en cuentas de cheques ha servido para suministrar capital a prestatarios que no lo merecían, que nunca deberían haberlo obtenido en primer lugar y que han privado a otros prestatarios mucho más dignos de crédito, del capital que necesitaban para mantener a flote sus negocios. Su política ha sido una de redistribución y destrucción.

El capital que ha causado que se mal invierta, y se pierda, en materia de vivienda, es capital que ya no está disponible para empresas tales como Wickes Furniture, Linens ‘n Things, Levitz Furniture, Mervyns, e innumerables otros, que tuvieron que ir a la quiebra porque no pudieron obtener los préstamos que necesitaban para permanecer en el negocio. Y, por supuesto, entre las principales víctimas se encuentran los más grandes bancos en sí mismos. Las pérdidas que sufrieron acabaron con su capital y salieron del negocio. Y la lista de bajas, sin duda, seguirá creciendo.

Cualquier discusión sobre la debacle de la vivienda estaría incompleta si no se incluye la mención del sistemático consumo de “equity” de la vivienda, alentado durante varios años por los medios de comunicación y un ignorante gremio de profesionales de la economía. De acuerdo con las enseñanzas del keynesianismo, que el gasto del consumidor es la base de la prosperidad, consideraron el aumento de los precios de la vivienda como un medio poderoso para estimular tal tipo de gasto. El incremento del “equity” para los propietarios, sostenían, permitiría a los propietarios pedir dinero prestado para financiar el consumo y, por tanto, mantener la economía funcionando a un alto nivel. Tal como ha resultado, este consumo ha servido para montar a muchos dueños de vivienda, en hipotecas que ahora son mayores que el valor de sus hogares,  que no habría ocurrido si no hubieran permitido ampliar esas hipotecas para financiar consumo adicional. Este consumo es la causa de una pérdida adicional de capital, muy por encima de la pérdida de capital por mala inversión.

Un debate sobre la debacle de la vivienda tampoco estaría completo sino menciona el papel de las garantías del gobierno a muchos préstamos hipotecarios. Si el gobierno garantiza el principal y los intereses de un préstamo, no hay razón para que un prestamista ponga atención a las calificaciones del prestatario. No pierde al hacer el préstamo, no obstante lo malo que éste pueda llegar a ser.

Un número considerable de préstamos hipotecarios lleva esas garantías. Por ejemplo, un artículo del New York Times describe el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano como “un organismo que lubrica la rueda de las hipotecas a compradores “por primera vez” al respaldar miles de millones de dólares en préstamos”. El artículo describe cómo HUD redujo progresivamente sus normas sobre préstamos: “las familias ya no tuvieron que demostrar que tenían cinco años de ingresos estables; bastaban tres años… a los prestamistas se les permitió contratar a sus propios valuadores en lugar de confiar en un panel seleccionado por el gobierno… los prestamistas no tenían que entrevistar cara a cara a la mayoría de los prestatarios asegurados por el gobierno ni a mantener sucursales físicas “, debido a que la aprobación del gobierno para la concesión del seguro a la hipoteca se había vuelto automática.

El artículo del Times pasa a describir cómo algunos “prestamistas”, como CountryWide Financial, el cual era uno de los más grandes y prominentes, “decidió servir a los pobres cuyo historial de crédito les hacía inelegibles para obtener préstamos “prime” con los más bajos intereses. Describe como “CountryWide firmó un compromiso con el gobierno para hacer ‘esfuerzos creativos proactivos’ para dotar de vivienda a americanos de bajos ingresos o pertenecientes a minorías raciales” [[8]]. “Esfuerzos creativos proactivos” es una buena descripción de lo que los prestamistas hicieron al ofrecer tipos extraños de hipotecas tales como las que requieren solamente el pago intereses, y, aún más, al permitir incluso el no-pago de intereses añadiéndolos a la suma del principal pendiente de pago. (Estas hipotecas se adaptan a las necesidades de vivienda de compradores cuyo motivo de compra era poder vender tan pronto como los precios de la vivienda aumentaran suficientemente).

Mientras un gran número de viviendas se compraron sobre la base de una creencia infundada de un perpetuo incremento de sus precios, así también un gran número de complejas derivadas financieras se venden sobre la base de una infundada creencia de que el Sistema de la Reserva Federal en realidad tendría el poder que alegaban de hacer imposibles las depresiones – un poder que los medios de comunicación y gran parte de los profesionales de la economía reafirmaron en repetidas ocasiones.

Las derivadas han recibido tan mala prensa que es necesario señalar que la póliza de seguro de una casa es una derivada. Y muchas de las derivadas que se han vendido y que ahora están creando problemas de insolvencia y quiebra, tales como los “swaps de incumplimiento crediticio (SADC)”, son en una u otra forma, pólizas de seguro. Su falla fue que, a diferencia de los seguros de los propietarios ordinarios, no tenían una lista suficiente de exclusiones.

Las pólizas de las propiedades hacen exclusiones por cosas tales como daños causados por la guerra y, en muchos casos, dependiendo de los riesgos especiales de la zona, por terremotos y huracanes. De la misma manera, las más complejas de las derivadas deberían haber hecho una exclusión por pérdidas resultantes del colapso financiero provocado por la Reserva Federal al patrocinar una masiva expansión del crédito. (Si es realmente imposible incluir tal exclusión, ya que muchas de las pérdidas pueden producirse antes de que la naturaleza de la causa se haga evidente, entonces las derivadas no se deben expedir y el mercado no las expedirá a causa de los riesgos inaceptables que entrañan). Sin embargo, décadas de lavado de cerebro por el gobierno, los medios de comunicación, y el sistema educativo han convencido a casi todo el mundo que tal colapso ya no es posible.

La creencia en la imposibilidad de las depresiones desempeñaron el mismo papel en la creación y venta de “obligaciones de deuda garantizadas (CDOs sigla en Inglés por Collaterized Debt Obligations)”. Aquí se agruparon hipotecas dispares y se emitieron valores en su contra. En muchos casos, grandes compradores agruparon colecciones de dichos valores y emitieron nuevos títulos en contra de aquellos. A medida que más y más propietarios incumplen con el pago de sus préstamos, el resultado ha sido que nadie es capaz de determinar directamente el valor de estos títulos. Para hacerlo, será necesario separarlos hasta el nivel de hipotecas individuales. Tales enredos de valores nunca se deberían haber vendido en un mercado no sobresaturado por la propaganda que las depresiones son imposibles bajo el manejo gubernamental del sistema financiero.

Por último, un debate de la debacle de la vivienda no estaría completo si no incluye mención de las formas virtuales de extorsión que sirvieron para fomentar el otorgamiento de los préstamos a prestatarios que no cumplían con los requisitos. Así pues, Wikipedia la enciclopedia en línea escribe:

La Ley de Reinversión en la Comunidad [CRA]…es una ley federal de los Estados Unidos destinada a alentar a los bancos comerciales y asociaciones de ahorros a satisfacer las necesidades de los prestatarios en todos los segmentos de la comunidad, incluidos los vecindarios de bajos y moderados ingresos… los reglamentos de la CRA dan a los grupos de la comunidad el derecho a protestar o comentar acerca del desacato a las normas de la CRA por parte de los bancos. Estas observaciones podrían ayudar o dificultar las expansiones previstas por los bancos.

El significado de estas palabras es que la Ley de Reinversión en la Comunidad da poder a “grupos de la comunidad,” para determinar cualquier aspecto importante del éxito o fracaso financiero de un banco. Sólo en el caso que estén satisfechos con que el banco esté haciendo suficientes préstamos a prestatarios a los que, de otro modo, optaría por no prestar, se les permitiría salir avante. El más destacado grupo de ese tipo de comunidad es ACORN.

Parte integrante del ambiente que ha hecho posible una ley como la CRA, son las amenazas de difamación contra los bancos por ser “racistas” si deciden no hacer préstamos a las personas que son malos riesgos de crédito y que además sucede que pertenecen a este o aquel grupo minoritario. Las amenazas de difamación van como mano al guante con la intimidación por parte de diversos organismos gubernamentales que ejercen poder discrecional sobre los bancos y están en condiciones de hacerles daño si no se ajustan a los deseos de los organismos. Los mismos puntos se aplican a los prestamistas hipotecarios diferentes a los bancos.

Lo que demuestra este extenso análisis de las causas reales de la crisis financiera es que es la intervención del gobierno, no el mercado libre, ni el ‘laissez-faire’ del capitalismo, quien es responsable en todos los aspectos esenciales.

El Mito del Laissez-Faire y el Marxismo de los Medios de Comunicación.

El mito de que el ‘laissez-faire’ existe en la actualidad en los Estados Unidos y que es responsable de nuestra actual crisis económica es promulgado por personas que no conocen prácticamente nada de lo que es una teoría económica racional, ni de la naturaleza real del ‘laissez-faire’ del capitalismo. Ellos defienden estos mitos a pesar de, o más bien a causa de, su educación en los principales colegios y universidades del país. Cuando se trata de asuntos de economía, su educación los ha compenetrado completamente en las erróneas y perniciosas doctrinas de Marx y Keynes. Al alegar que ven la existencia del ‘laissez-faire’ en medio de esa masiva injerencia del Gobierno que constituye todo lo contrario del ‘laissez-faire’, están tratando de reescribir la realidad a fin de que coincida con su visión del mundo y sus prejuicios marxistas.

Ellos absorben más las doctrinas de Marx en sus clases de historia, filosofía, sociología y literatura, que en las clases de economía. Las clases de economía, mientras por lo general no son marxistas en sí mismas, ofrecen solamente una refutación muy insuficiente de las doctrinas marxistas y dedican la casi totalidad de su tiempo a la defensa de keynesianismo y otras doctrinas anticapitalistas, menos conocidas, como la doctrina de la competencia pura y perfecta.

Muy pocos de los profesores, y sus estudiantes, han leído siquiera una sola página de los escritos de Ludwig von Mises, quien es el más eminente teórico del capitalismo y el conocimiento de sus escritos es esencial para su comprensión. Casi todos ellos están, por lo tanto, esencialmente en la ignorancia de lo que es una sana economía.

Cuando me refiero al sistema educativo y a los medios de comunicación como marxistas, no es mi intención dar a entender que sus miembros favorecen cualquier tipo de derrocamiento por la fuerza del gobierno de los Estados Unidos o que inclusive sean necesariamente defensores del socialismo. Lo que quiero decir es que son marxistas en la medida en que aceptan las opiniones de Marx sobre la naturaleza y el funcionamiento del ‘laissez-faire’ del capitalismo.

Aceptan la doctrina marxista de que en ausencia de la intervención del gobierno, el interés propio, el afán de lucro – la “desenfrenada codicia” – de los empresarios capitalistas, serviría para conducir las tasas de salario al mínimo de subsistencia, mientras que prorrogaría el horario de trabajo al máximo humanamente soportable, impondría terribles condiciones de trabajo, y llevaría a los niños a trabajar en las fábricas y en las minas. Señalan el miserablemente bajo nivel de vida y las terribles condiciones de los asalariados en los primeros años del capitalismo, especialmente en Gran Bretaña, y creen que eso demuestra su caso. Van a argumentar que sólo la intervención del gobierno en forma de legislación en pro de los sindicalistas y del salario mínimo, de un máximo de horas de trabajo, de la prohibición legal del trabajo infantil, y de mandatos gubernamentales en relación con las condiciones de trabajo, servirían para mejorar las condiciones de los asalariados. Consideran que la derogación de esta legislación traería consigo un retorno a las miserables condiciones económicas de los primeros años del siglo 19.

Consideran los beneficios e intereses de los empresarios y capitalistas como injustificadas, como ganancias inmerecidas, por exprimir a los asalariados – los supuestos verdaderos productores – con el equivalente de la fuerza física y, por ende, ven a los asalariados como si estuvieran en la posición de esclavos virtuales (“esclavos del salario”) y al capitalista “explotador” como si estuviera en la posición de virtual propietario de esclavos. Muy relacionado con esto, contemplan el cobro de impuestos a los empresarios y capitalistas y el uso de los recaudos en beneficio de los asalariados, en formas tales como la seguridad social, la socialización de la medicina, la educación pública y la vivienda pública, como una política que sólo sirve para devolver a los asalariados cierta porción del botín presuntamente robado a ellos en el proceso de “explotación”.

En pleno acuerdo con Marx y su doctrina que, en virtud del ‘laissez-faire’ los capitalistas expropian toda la producción de los asalariados por encima de lo que es necesario como mínimo para su subsistencia, asumen que la intervención del gobierno no hace daño a nadie, sino a los empresarios y capitalistas inmorales y nunca a los asalariados. Así pues, no sólo los impuestos para pagar por los programas sociales, sino también el aumento de los salarios impuesto por legislación en pro de los sindicatos y del salario mínimo, se supone simplemente que debe salir de las ganancias, sin ningún efecto negativo sobre los asalariados, tal como el desempleo. Asimismo para efectos de la imposición por el gobierno de menos horas y mejores condiciones de trabajo, y la abolición del trabajo infantil: el resultante aumento de los costos se asume simplemente que debe salir de la “plusvalía” de los capitalistas, nunca de la calidad de vida de los asalariados mismos.

Esta es la mentalidad de la totalidad de la izquierda y en particular de los miembros del sistema educativo y de los medios de comunicación. Es una visión del afán de lucro y de la búsqueda material del interés propio como intrínsecamente letal si no se contrarresta por la fuerza y no se controla rígidamente por la intervención del gobierno. Como se dijo, es una opinión que considera el papel de los empresarios y capitalistas como comparable al de los propietarios de esclavos, a pesar del hecho que los empresarios y capitalistas no emplean ni pueden emplear armas de fuego, látigos, o cadenas y sólo pueden encontrar y mantener a sus trabajadores mediante la oferta de mejores salarios y condiciones de las que los trabajadores puedan encontrar en otros lugares.

No es de extrañar, el sistema educativo y los medios de comunicación comparten el punto de vista de Marx de que el ‘laissez-faire’ del capitalismo es una “anarquía de la producción”, en la que los empresarios y los capitalistas corretean como pollos sin cabeza. En su opinión, la racionalidad, el orden y la planificación emanan del gobierno, no de los participantes en el mercado.

Como digo, este es el tipo de marco intelectual en que gira la gran mayoría de los profesores de hoy y de varias generaciones de sus predecesores. Es igualmente el marco intelectual de sus estudiantes, que han absorbido diligentemente sus erróneas enseñanzas y algunos de los cuales han pasado a convertirse en reporteros y editores de publicaciones como el New York Times, el Washington Post, Newsweek, Time, y de la abrumadora mayoría de los demás periódicos y revistas de noticias. Es el marco intelectual de sus estudiantes que ahora son comentaristas y editores de prácticamente todas las principales redes de televisión, como CBS, NBC, ABC y CNN [[9]]. Y es este marco intelectual dentro del cual los medios de comunicación intentan ahora comprender e informar sobre nuestra crisis financiera.

En su opinión, el ‘laissez-faire’ del capitalismo y la libertad económica son una fórmula de injusticia y caos, mientras que el gobierno es la voz y el agente de la justicia y de la racionalidad en los asuntos económicos. Por lo tanto, tienen tan firmemente arraigada esta creencia, que cuando ven lo que ellos piensan que es evidencia de injusticia y caos a gran escala en el sistema económico, como ha existido en la actual crisis financiera, automáticamente presumen que es el resultado de la búsqueda del beneficio propio y que la libertad económica hace que esa búsqueda sea posible. Habida cuenta de esta actitud fundamental, el principio que guía a los así llamados periodistas contemporáneos es que su trabajo es encontrar a los empresarios y capitalistas que son responsables de tal maldad y a los funcionarios gubernamentales que les permiten cometerla y, por último, identificar y apoyar las políticas de intervención y control del gobierno que supuestamente eliminarán el mal y evitarán que se repita en el futuro.

Su miedo y odio a la libertad económica y al ‘laissez-faire’ del capitalismo, y su necesidad de poder denunciarlos como la causa de todos los males económicos, es tan grande que pretenden para sí mismos y para su público que eso es lo que existe en el mundo de hoy, cuando claramente no existe ni siquiera remotamente. Al hacer la afirmación de que el ‘laissez-faire’ existe y que es el responsable del problema, son capaces de activar toda la fuerza de su odio por la libertad económica real y el ‘laissez-faire’ del capitalismo, contra todas y cada una de las migajas de libertad económica que de alguna manera alcanzan a sobrevivir y que ellos deciden convertir en su blanco. Esa migaja, proyectan, es parte integrante de la inanición de los trabajadores en la explotación inhumana de la mano de obra que, en su ignorancia, dan por sentado que es impuesta por los capitalistas bajo el ‘laissez faire’. Su audiencia, con el cerebro lavado, también producto del sistema educativo contemporáneo, como ellos mismos, rápidamente sigue el ejemplo y cede ante sus insinuaciones insensatas de odio.

El resultado se resume en palabras, como las que aparecieron en uno de los mismos artículos del New York Times que he citado anteriormente:

“Ahora sentimos ira colectiva, asco, por todo nuestro sistema financiero y es obvio que vamos a tener una reacción de reglamentación” [con] efecto sobre otros sectores porque los votantes tienen la percepción de que “las grandes empresas son animales salvajes y es necesario que los encierren en sus jaulas” [[10]].

De esta manera los enemigos del capitalismo y de la libertad económica pueden proceder con su campaña de destrucción y devastación económica. Usan la acusación de ‘laissez faire’ como una especie de palanca para aumentar el poder del gobierno.

Por ejemplo, a principios de los años 1930 acusaron al Presidente Hoover de seguir una política de ‘laissez-faire’, aún cuando intervino en el sistema económico para evitar la caída en las tasas de salarios que era esencial para impedir que una reducción de la demanda de mano de obra resultara en desempleo masivo. Sobre la base de un desempleo masivo que entonces resultó de la intervención de Hoover, la cual lograron retratar como de ‘laissez faire’, engañaron al país al apoyar la más masiva de las intervenciones, la del New Deal.

Hoy en día, siguen jugando el mismo juego. Siempre es el ‘laissez-faire’ lo que denuncian, y cuyas presuntas fallas reclaman que hay que superar con más regulaciones y controles gubernamentales. Hoy en día, las masivas intervenciones, no sólo la del New Deal, sino también la del Fair Deal, la de la Nueva Frontera, la de la Gran Sociedad, y la de todas las administraciones desde entonces, se han añadido a intervenciones muy importantes que aún existían en el decenio de 1920 y a las cuales Hoover contribuyó muy sustancialmente. Y, sin embargo, supuestamente todavía tenemos ‘laissez-faire’. Parece que siempre que alguien lograba moverse o inclusive respirar sin estar bajo el control del gobierno, era porque el ‘laissez-faire’ supuestamente seguía existiendo, lo cual sirvió para que fueran necesarios aún más controles gubernamentales.

El lógico final de este proceso es que, algún día, todos terminemos encadenados a una pared, o por lo menos nos veamos obligados a hacer algo comparable a vivir en un código postal que coincida con nuestro número del seguro social. Entonces, el gobierno sabrá quién es cada persona, de donde es, y tal individuo que no podrá hacer absolutamente nada sin la aprobación y el permiso gubernamental. Y entonces el mundo estará a salvo de cualquier intento de hacer algo que le beneficie y, por ende, que supuestamente perjudique a los demás. En ese momento, el mundo disfrutará toda la prosperidad que proviene de una parálisis total.

George Reisman, Ph.D. es autor de Capitalism: Un Tratado en Economía. (Una réplica PDF del libro completo se puede descargar al disco duro del lector, simplemente haciendo clic en el título del libro, inmediatamente anterior y, a continuación, guardando el archivo cuando aparezca en la pantalla.)

Dr Reisman es Profesor Emérito de Economía de la Universidad de Pepperdine.

Copyright © 2008 George Reisman.

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[2] Steve Lohr, “La Intervención es Audaz, pero Tiene una Base en la Historia”, 14 de octubre de 2008, p. A14.

[3] Jackie Calmes, “Ambas Caras del Pasillo Ven Más Regulación”, 14 de octubre de 2008, p. A15.

[4] Landon Thomas Jr y Julia Werdigier”, Gran Bretaña Toma una Ruta Diferente para Rescatar sus Bancos”, 9 de octubre de 2007, p. B7.

[5] Llego a estas cifras calculando el total de los depósitos en cuentas de cheques entre enero de 2001 y agosto de 2008 así como la suma de las contenidas en el M1, las cuentas “sweep” compiladas por el Banco de la Reserva Federal de St Louis, y los depósitos de fondos mutuos del mercado monetario, tanto minoristas como institucionales. A partir de los respectivos totales yo resto el total de las reservas de los bancos en las mismas fechas. Luego resto el resultado para el año 2001 del de 2008 y divido la diferencia por la suma calculada para el año 2001.

[6] Si la creación de dinero en cuentas de chequeras en exceso de las existencias de moneda corriente es en realidad un intento de trampa, como ya he descrito anteriormente, se deduce que en un mercado libre realmente se requiere una reserva del 100 por ciento.

[7] Joe Nocera, “No deberíamos rescatar la vivienda?” 18 de octubre de 2008, p. B1.

[8] David Streitfeld y Gretchen Morgenson, “The Reckoning, Construyendo Sueños Americanos Defectuosos”, 19 de octubre de 2008, p. A26.

[9] Para una refutación de todos los aspectos de este marco intelectual, véase George Reisman, Capitalism: Un Tratado de Economía (Ottawa, Illinois: Jameson Books, 1996), capítulos 11, 14, y passim.

[10] Jackie Calmes, loc. cit.

 

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Seguidor del gran Filósofo Libertario el Dr Hans-Hermann Hoppe
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