El Empirismo, un escudo intelectual del socialismo

Publicado originalmente en The Free Market, Febrero 1988 Volumen VI, Número 2.

por Hans-Hermann Hoppe

En comparación con la vida en los países occidentales, donde el sector socialista es importante, la vida bajo el socialismo total es miserable.

El nivel de vida es tan deplorable que, en 1961, el gobierno socialista de Alemania Oriental construyó un sistema de muros, con alambres de púas, cercas electrificadas, campos minados, dispositivos de disparo automático, torres de vigilancia, perros de control, y vigilantes, de casi 900 millas de largo, para impedir a la gente la huida del socialismo.

La evidencia empírica muestra que el socialismo es un fracaso evidente. Y la causa de la falla del socialismo es tan clara como el cristal: no hay casi propiedad privada de los medios de producción, y casi todos los factores de producción son propiedad en común precisamente en la misma forma que americanos son propietarios del Servicio Postal.

¿Por qué, entonces, gente aparentemente seria todavía defiende el socialismo? ¿Y por qué hay todavía miles de científicos sociales que quieren poner más y más factores de producción bajo control social en lugar de control privado?

Por un lado, por supuesto, algunos socialistas podrían ser simplemente maléficos. Puede que no tengan nada contra la miseria, sobre todo si es la miseria de otros, y están encargados de administrarla, mientras indudablemente viven muy bien.

Pero estoy interesado en los que abogan por el socialismo porque es supuestamente más “productivo” que el capitalismo. Afirman que la evidencia que demuestra lo contrario, como en Alemania del Este, no viene al caso, o tal vez es simplemente accidental.

Pero, ¿cómo puede alguien negar que la experiencia de Alemania Oriental o de Rusia constituye un elemento de prueba decisivo contra el socialismo? ¿Cómo puede la gente esgrimir con éxito la absurda opinión de que la evidencia contra el socialismo es simplemente fortuita?

La respuesta está en el empirismo una filosofía con visos respetables,. El empirismo sirve de escudo al socialismo en la refutación que conlleva su propio fracaso, y da al socialismo la credibilidad que aún pueda tener.

Es por eso que la crítica misesiana al socialismo ataca tanto al socialismo como al empirismo. Explica que existe una conexión necesaria entre el socialismo y los bajos niveles de vida; la experiencia de Rusia no es un accidente, y el intento empirista de hacer que parezca un accidente se basa en el error intelectual.

El empirismo se basa en dos premisas fundamentales: en primer lugar, uno no puede saber nada acerca de la realidad con certeza, a priori y, en segundo lugar, una experiencia nunca puede demostrar concluyentemente si existe o no una relación entre dos o más eventos.

Usando estas dos hipótesis como punto de partida, es fácil descartar las refutaciones empíricas del socialismo

El socialista empirista no niega los hechos. Aunque, (a regañadientes) admite que los niveles de vida son deplorables en Rusia y Europa oriental. Sin embargo, afirma que esta experiencia no constituye prueba en contra del socialismo.

En lugar de ello, dice, las condiciones de miseria son el resultado de algún descuido o de circunstancias fuera de control a las que se pondrá atención en el futuro, después de lo cual, todos verán que el socialismo significa mejores condiciones de vida.

Con el empirismo, aún las notorias diferencias entre Alemania del Este y del Oeste pueden, por lo tanto, ser explicadas en su totalidad. El empirista dice, por ejemplo, que la República Federal de Alemania obtuvo la ayuda del Plan Marshall, mientras que Alemania del Este tenía que pagar reparaciones a la Unión Soviética, o que Alemania del Este que abarca las provincias rurales menos desarrolladas de Alemania, o que no pudieron desmontar a tiempo el espíritu de servidumbre en Alemania Oriental, y así sucesivamente.

Ni siquiera el experimento más perfectamente controlado puede cambiar este predicamento, porque es imposible controlar cada variable que pueda concebiblemente influir en la variable que queremos explicar. Ni siquiera sabemos todas las variables que componen el universo, lo cual deja siempre todas las preguntas abiertas al descubrimiento de nuevas experiencias.

De acuerdo con el empirismo, no hay manera de que podamos descartar ningún evento como posible causa de otra cosa. Incluso las cosas más absurdas, siempre que hayan tenido lugar anteriormente en el tiempo, pueden ser causas posibles. Por lo tanto el número de excusas no tiene fin.

El socialista empirista puede rechazar cualquier cargo formulado contra el socialismo, siempre y cuando se base sólo en evidencia empírica. Puede afirmar que, dado que no podemos saber cuales serán los resultados de las políticas socialistas en el futuro, tenemos que ensayarlas y dejar que la experiencia hable por sí misma. Y no importa que tan malos puedan ser los resultados, el empirista-socialista siempre puede rescatarse a sí mismo inculpando una variable cualquiera, que sea más o menos plausible, pero descuidada hasta el momento. Hace una nueva revisión de la hipótesis, y se supone que será sometida a prueba indefinidamente.

El empirista dice que la experiencia le puede decir si un determinado esquema de política socialista no alcanzó el objetivo de producir más riqueza. Pero nunca le podrá decir si otro esquema, ligeramente modificado, producirá mejores resultados. Tampoco le dirá la experiencia que es absolutamente imposible, mejorar la producción de bienes y servicios, o elevar los niveles de vida, a través de cualquier política socialista.

Ahora vemos que tan dogmática es en realidad la filosofía empirista. A pesar de su supuesta apertura y apelación a la experiencia, el empirismo es una herramienta intelectual que inmuniza a uno completamente de las críticas y de la experiencia. Es el medio intelectualmente perfecto de la deshonestidad, para escudar al socialismo de la verdad evidente de su propio fracaso.

La economía misesiana demuestra que el socialismo falla porque viola las leyes irrefutables de la economía, entre ellas la ley de intercambio, la ley de utilidad marginal decreciente, la ley ricardiana de asociación, la ley de controles de precios, y la teoría cuantitativa del dinero, la cual puede deducirse del axioma de la acción por medio de la lógica aplicada. Y así podemos saber, de antemano y con certeza cuales serán las consecuencias dondequiera se aplique el socialismo.

Si queremos atacar el socialismo, tenemos también que atacar el empirismo que es un error intelectual absurdo. Y si queremos derrotar al socialismo, tenemos que preparar un caso misesiano con argumentos basados en la lógica de la acción humana y en las leyes irrefutables de la economía.

El profesor Hans-Hermann Hoppe enseña Economía en la Universidad de Nevada, Las Vegas, y es miembro senior en el Instituto Ludwig von Mises.

Publicado originalmente en The Free Market, Febrero 1988 Volumen VI, Número 2.

TRADUCCIÓN DE RODRIGO BETANCUR

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Seguidor del gran Filósofo Libertario el Dr Hans-Hermann Hoppe
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