El fantasma de un aniversario olvidado asusta la nación

 

por Antal E. Fekete *

Universidad del Patrón-Oro

25 de marzo de 2008.

 

Hace setenta y cinco años este mes Franklin Delano Roosevelt inauguró su gobierno como Presidente número 32 de los Estados Unidos. Pocos días después de jurar hacer cumplir la Constitución de los EEUU, por medio de una Proclama Presidencial cerró al acuñe de monedas de oro en la Casa de Moneda de los EEUU. Recordemos que la Casa de Moneda había sido establecida por la Constitución para proteger el derecho de la gente a la posesión de dinero legítimo.

Roosevelt había sido elegido sobre la plataforma del dinero legítimo. Apenas instalado en su oficina, cambió de parecer. Confiscó el oro de las gentes, alteró el valor de conversión, y a cambio entregó billetes de la Reserva Federal los cuales han llegado a perder hasta un 95 por ciento de su valor en los años subsiguientes. Y se corre el riesgo de perder, en corto tiempo, lo poco que queda de ellos.

Esa experiencia dejó flotando un trauma moral que vuelve a abrumarnos 75 años después, incluso si el Establecimiento, los medios de comunicación, y aún la Academia, quisieran que olvidáramos este aniversario. No lo lograrán. Los pollos de Roosevelt no lo permitirán. Ha tomado a los pollos 75 años para volver a casa, a posarse a dormir. Su vuelta a casa la hacen con saña. Los pasados 75 años fueron un período de turbulencia inaudita en los mercados financieros. Nunca, durante estos 75 años había encarado la nación una crisis monetaria más grave que la que enfrenta ahora. El sistema bancario del país amenaza con reventar. El sistema de crédito afronta a un desplome violento.

Usted oirá muchas explicaciones acomodadizas sobre lo que ha sucedido, desde las hipotecas “subprime”, pasando por una política monetaria descuidada en la Reserva Federal, hasta la política fiscal de un gobierno derrochador. Sin embargo, hay una explicación que usted nunca oirá, ni del establecimiento, ni de la economía convencional, ni de los medios de comunicación. No mencionarán jamás al verdadero culpable, el dólar inconvertible. Está completamente establecida una tendencia a que casi todo empresario, legislador, jurado, e incluso pastor, vaya con la marea. Quizás tales personas confunden la posición y el poder con la sabiduría, o con la idoneidad en campos donde ellos no son competentes. Por lo que observamos, ni uno de nuestros líderes, ninguno de los jueces, ningún gerente de negocio es competente en el campo del dinero. No entienden que una crisis monetaria, tal como la que amenaza al dólar inconvertible en este momento, podría aniquilar totalmente el valor de su dinero. Está perfectamente claro que los Estados Unidos están en un problema muy grave porque ya no pueden producir los bienes necesarios para su sobrevivencia, ni los pueden comprar en los mercados de mundo, en un alto grado a causa del uso de su moneda inconvertible. Peor todavía, como consecuencia de haber escogido una moneda inconvertible tenemos una falta de honorabilidad sin precedentes en el gobierno. Los estándares de deshonestidad se riegan como cáncer a través de la nación, ya que personajes insensatos dan apoyo al uso de tal moneda.

Es difícil de encontrar una práctica monetaria inadecuada que no haya sido adoptada, de una u otra forma desde 1933 por los modernos John Law de las finanzas. En el siglo XVIII el aventurero escosés John Law se hubiera sentido completamente en casa entre los aventureros modernos que llevan el timón del Tesoro y la Reserva Federal de los EEUU.

Cuando la Casa de Moneda de los EEUU fue cerrada al oro por Roosevelt, en marzo de 1933, y el país se embarcó en el azaroso mar de la moneda manipulada, un gran número de individuos y organizaciones instaron a un pronto regreso al patrón-oro (que, créalo o no, entre ellos se incluye la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal, el Concilio Consultor Federal, 37 miembros del staff de la Universidad de Columbia, y 710 miembros de la Asociación Económica norteamericana, para mencionar sólo unos pocos). La pregunta que surge es,  ¿qué ha pasado con esas voces opuestas durante todos estos años? Algunos fueron callados mediante soborno y chantaje, o fueron simplemente corrompidos por un movimiento político al que encontraron improcedente oponerse. Aquellos individuos verticales que levantaron sus voces de protesta, por otro lado, fueron silenciados con el simple desgaste, el descrédito y aún con la muerte. No se les permitió llevar la antorcha hasta la próxima generación. Todo conocimiento acerca del dinero-oro fue purgado sistemáticamente de los currículos de las universidades e institutos de estudios avanzados y reemplazado por charlatanería seudo-matemática.

Por supuesto, se puede esperar que los grupos, generalmente controlados por  lucro, cambien su posición con el mudar de las mareas políticas. Pero no hay defensa válida que puede ser ofrecida cuando hombres que fingen ser científicos pero que ajustan sus principios de acuerdo con los cambios en la moda política, o inventan ecuaciones diferenciales fraudulentas para supuestamente describir el comportamiento del dinero en manos de la gente.

Las políticas monetarias de quienes abogan por una moneda inconvertible han sido principalmente las de charlatanes. Los que hoy pasan por economistas monetarios o bien, no han entendido las lecciones del pasado; o han estado dispuestos a desecharlas como basura en aras de obtener tantas ganancias personales como puedan, repitiendo como loros la línea oficial de propaganda.

Una profunda y penetrante corrupción ha afligido a la ciencia monetaria durante los pasados 75 años, comparable al Lysenkoism en la Unión Soviética, ahora difunto. La única diferencia aparente es que los adversarios del enfant terrible de la genética soviética, Trofim Denisovich Lysenko, fueron relegados al Archipiélago de Gulag para nunca oír de ellos otra vez. Todavía, podrían pasar muchas décadas de doloroso esfuerzo para reparar el daño causado por el Lysenkoism, estilo estadinense, que ha borrado del mapa la ciencia monetaria norteamericana, alguna vez famosa y respetada mundialmente. El bienestar de nuestra nación, más bien, el del mundo entero, ha sido socavado gravemente por esta congoja. Está por verse si los científicos que conocen las lecciones del pasado y las prescripciones indicadas por la evidencia acumulada durante siglos pueden hacer algo de importancia para corregir esta triste situación. En este sentido la recepción que ha tenido la candidatura presidencial del Dr. Ron Paul no nos da muchas esperanzas.

James P. Warburg en su libro Hell Bent for Election (Garden City, N.J., 1935) el cual podríamos titular en Español como ¨Decisión Inquebrantable¨, cita un discurso de campaña dado por Roosevelt en Butte, Montana, el 19 de septiembre de 1932, como la base para valorar al hombre que violaría su promesa en un asunto tan importante, como lo es, el popular estándar monetario:

“Recuerda que actitud y método – la manera como hacemos las cosas, y no apenas la manera como las decimos – son casi siempre la medida de nuestra sinceridad”. Este discurso auto-acusador fue omitido en la publicación de los “Papeles y Directrices de Franklin Delano Roosevelt” compilados por Samuel I. Rosenman, así también como otro discurso dado por Roosevelt en Brooklyn. Cito a Warburg:

‘El 4 de noviembre de 1932, el Sr. Roosevelt hizo esta llamativa declaración: “Una de las tergiversaciones mas comúnmente repetidas por los Republicanos, incluyendo al Presidente, ha sido el reclamo de que la posición Demócrata con respecto al dinero no ha sido suficientemente clara. El Presidente tiene visiones de dólares de caucho. Esto es sólo una parte de su campaña del temor. No caracterizaré estas declaraciones. Solamente presento los hechos. La plataforma Demócrata declara específicamente: ‘Respaldamos una moneda sana que será preservada de todos los peligros’. Esto es Inglés simple”.

Esa declaración sólo podría significar, si algo significaba a los millones de personas que votaron por Roosevelt, una moneda bajo el patrón-oro. ¿Hay algún defensor del dólar inconvertible, aún entre los que tratan de transmitir la impresión de que la mayoría de la gente quería abandonar el patrón-oro en 1932, que tenga el valor moral para comentar sobre estos discursos? Roosevelt dijo más aún:

“A los empresarios del país, que combaten duramente para mantener su solvencia e integridad financieras, les dijo el Presidente Hoover, en lenguaje brusco, en Des Moines, Iowa, cuan cercano estuvo el país, hace algunos meses, de salir del patrón-oro. Esto, como ha sido demostrado claramente desde entonces, fue una difamación que afecta el crédito de los Estados Unidos… no se ha dado una respuesta adecuada a la grandiosa filípica del Senador Glass la otra noche, en que mostró cuán deleznable era esta afirmación. Y yo podría agregar que el Senador Glass hizo un desafío devastador que ningún gobierno responsable vendería al país valores pagaderos en oro si supiera que la promesa, sí, el convenio incorporado en esos valores, fuera tan dudoso como el que el Presidente de los Estados Unidos dice que fue”.

Cito a Warburg:

‘El 12 de marzo de 1933 – una semana después que Roosevelt había asumido la Presidencia, el Tesoro de Estados Unidos expidió $800.000.000 en obligaciones pagaderas “en moneda de oro de los Estados Unidos del presente estándar de valor” – el mismo convenio al que nos hemos referido en el párrafo anterior, del que hablaba Roosevelt pocos días antes de ser elegido. ‘Valores adicionales fueron expedidos poco tiempo después incorporando el mismo convenio.

‘El 7 de mayo de 1933, el Presidente Roosevelt, en una transmisión de radio al país, anunció su intención de repudiar este convenio. ‘Y el 5 de junio de 1933, el convenio fue rescindido por el Congreso. ‘El punto no es si concordamos o disentimos con el juicio o el razonamiento de Roosevelt. El punto es que si él tenía esa convicción con respecto a la cláusulas del oro y pensaba actuar sobre ese tema, nos parece que la gente tenía derecho de saberlo antes de que se les pidiera votar’.

Los Casa de Moneda de EEUU fue vuelta a abrir al oro después del lapso de la Guerra civil y la Reedificación, en el 2 de enero de 1879. Al celebrar el acontecimiento el General James A. Garfield dijo en su alocución en Chicago: “Oiremos todavía ecos del viejo conflicto, tales como ‘el barbarismo y la cobardía del oro y la plata’ y ‘las virtudes de dinero inconvertible’. Las teorías que les dieron luz permanecerán entre nosotros como fantasmas rezagados, pero pronto encontrarán el descanso en la tumba política de temas difuntos…”

Garfield advirtió que la “periódica manía” del papel moneda quizás se cierna sobre el país de vez en cuando. La fuerza que tiene el presente episodio de la manía aparentemente nunca antes había sido experimentada por nuestro pueblo. El fin de esta gran enfermedad no está todavía a la vista. Si las experiencias pasadas nos proporcionan una buena lección, entonces las consecuencias posteriores a nuestro fracaso al entender la naturaleza de esta manía, prometen ser muy dolorosas, incluyendo la mayor devastación monetaria y económica que el mundo haya visto jamás.

Orval W. Adams, alguna vez presidente de la Asociación norteamericana de Banqueros, en su artículo “Inflación, el Comején de la Civilización”, escribió en 1956: ‘Abran la Casa de Moneda al oro. El oro es un regalo de un Creador Sabio al mundo. No hay substituto. Nunca lo habrá. Sin el oro como base para el intercambio doméstico e internacional, la civilización no podría haber surgido del período del trueque en la Alta Edad Media. El oro es el único seguro contra los políticos despiadados que desvalorizan y corrompen el intercambio de dinero y los sistemas monetarios de la gente libre del mundo. Repito, el oro es una bendición de la Sabia Providencia para prevenir la tragedia que viene después del uso de un medio de intercambio, manipulado políticamente, desvalorizado y corrupto. El patrón-oro es el guardián perpetuo en la torre del gobierno de los hombres libres, quien evita que el veneno del totalitarismo entre al torrente sanguíneo del dinero sano’.

En más de una ocasión el patrón-oro fue alegre, aunque prematuramente, enterrado. Una de estas ocasiones fue la ‘oración fúnebre’ ante de Cámara de Diputados de París durante la ocupación Nazi, pronunciado por uno de los altos funcionarios  del partido nazi, quien declaró ‘con profunda satisfacción interior’ que ‘el patrón-oro se encuentra ahora tan alejado de las realidades de la vida como la filosofía de la Revolución francesa: Libertad, Fraternidad e Igualdad entre los hombres…’

Cuando Roosevelt confiscó el oro de sus súbditos y los forzó a aceptar a cambio notas de crédito, o billetes, inconvertibles, el propósito fue dar al gobierno libertad para disponer a su antojo del producto del trabajo de la gente, al privarlas de la libertad de defenderse de las arbitrariedades del gobierno y de convertir el producto de su trabajo en oro si así lo deseasen. Al hacerlo, Roosevelt abrió de par en par la puerta a la tiranía del gobierno, la cual se ha manifestado en un nivel salvaje del gasto público, una pesada carga de impuestos, una moneda radicalmente depreciada, una inmensa deuda pública, un alto grado de socialización y un creciente manejo administrativo de la economía por parte del gobierno, y aún hasta en la suspensión de los derechos civiles.

Hoy muchas personas celebran la llegada del oro a los $1000. En su festivo humor la gente es responsable al olvidarse de la consecuencia siniestra de este importante hito. Es la realización del proyecto de Roosevelt de privar a la gente de la libertad de resguardar el fruto de su trabajo de las garras del gobierno al convertir su propiedad en oro. A $1000 por cada onza de oro, no hay muchas personas que pueden comprarlo para protegerse de la confiscación de los frutos de su trabajo. Oro a $1000 es un hito en el camino- en el camino al infierno.

* Nota:

ANTAL E. FEKETE es Professor Emeritus (Mathematics), Memorial University of Newfoundland, St. John’s, Newfoundland, Canada. Es un economista de clase mundial, especializado en matemática, ciencia monetaria e historia. Vive entre St. John’s, Newfoundland, Canada, y Budapest, Hungría. Es un escritor prolífico.

En 1974 el Profesor Fekete presentó una conferencia sobre oro en el Seminario Paul Volker, en la Universidad de Princeton. Posteriormente fue Profesor Visitante en el Instituto Americano para la Investigación Económica y Editor Mayor de la Fundación Americana de Economía. En 1996, su ensayo Whither Gold? (¿Adonde Oro?), fue galardonado con el Primer Premio en el concurso internacional de ensayos sobre el dinero, auspiciado por el Banco Lips, el Banco Suizo.

El e-mail del Profesor Fekete es: [email protected]

TRADUCIDO POR RODRIGO BETANCUR

 

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Seguidor del gran Filósofo Libertario el Dr Hans-Hermann Hoppe
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