¿Por qué ya no son tan importantes los Impuestos?

Mises.org – Artículo Diario por Jeffrey Tucker – Publicado el 8/28/2008

[Este artículo se publicó originalmente en InsideCatholic.com]

Los asesores en el tema de impuestos de Barack Obama recientemente publicaron un escrito en el Wall Street Journal acerca de los planes de su candidato en esta materia. El artículo fue diseñado para matar dos pájaros de un solo disparo, informar que su candidato tiene la idea de recortar impuestos y que su opositor republicano tiene la de aumentarlos secretamente. Bien escrito y bien argumentado – aunque realmente no se puede confiar en lo que uno lea acerca de que van a hacer, o no, los candidatos una vez ocupen el cargo.

En cualquier caso, estábamos discutiendo el artículo con una persona cuya política está, sin duda alguna, a la izquierda del centro. Y ella me dijo algo del siguiente tenor:

No estoy muy seguro de entender todo esto que hablan de los impuestos. El gobierno nos cobra impuestos a fin de obtener dinero para hacer lo que quiere hacer. Pero parece que lo que hacen – ya sea para ir a la guerra o para financiar nuevos proyectos – nunca se discute en términos de cuánto dinero tienen o no tienen. Quiero decir, Bush recortó los impuestos, ¿verdad? Y la reducción en los ingresos lo debería haber restringido. Pero sigue gastando en todo lo que se le antoja. Los recortes en los impuestos no parecen reducir su poder en lo más mínimo. ¿A qué se debe esto?

Es una buena pregunta. ¿Porqué hablar de política impositiva no parece tener relación con la política en general? Ya sea que se trate del rescate de dueños de hipotecas sin respaldo suficiente (las subprime), o de un gran banco de inversión, o de ir a la guerra, el hecho de que existan, o no, los recursos para hacer estas maravillas, rara vez entra en la ecuación. ¿Porqué los recortes fiscales no ponen freno al gobierno? ¿Y por qué los políticos no sienten la necesidad de aumentar los impuestos cuando gastan más?

Podríamos decir que la respuesta es sencilla: simplemente se endeudan y aumentan el déficit fiscal anual. Y hoy la deuda asciende a cifras que ya no tienen significado real, porque son demasiado grandes, aún para examinarlas. ¿Qué tan significativo es realmente que la deuda sea de $ 5 o $ 10 billones (trillones americanos)? Daría lo mismo que fuera una cantidad infinita, por lo que a nosotros respecta. De todas maneras la clase política actúa como si los recursos fueran infinitos.

Con relación a la deuda sólo quedan interrogantes. Usted y yo tenemos que pagar nuestras deudas. No podemos adquirir una deuda infinita sin meternos en problemas y sin perder nuestra capacidad crediticia. En el sector privado, los instrumentos de deuda se valoran bajo la perspectiva de que las deudas se pagarán. La probabilidad de que se cubran se refleja en la prima por el riesgo de incumplimiento en el pago. Pero la deuda del gobierno de los EE.UU. no funciona de esa manera. Los bonos del Tesoro de los EE.UU. son la inversión más segura que existe. Se valoran como si no hubiera riesgo en el pago.

Si no es a través de impuestos, o a través de una deuda infinita, ¿cómo es que el gobierno de los EE.UU. obtiene el dinero que requiere, a pesar de cualquier limitación?

La respuesta se reduce a un solo concepto: el régimen monetario. Un tema que vemos con ojos desorbitados pero que es el elemento central del porqué el gobierno parece estar completamente fuera de control. No es difícil de entender si pensamos cómo se comportaría un bandido en posesión de una máquina para falsificar billetes. ¿Veríamos austeridad fiscal? Por supuesto que no. De una persona con una imprenta, con la que puede crear todo el dinero que necesite o quiera, solo podríamos esperar un derroche ilimitado. Esto es precisamente lo que hace la Reserva Federal. No sólo actúa como garante de la liquidez del sistema bancario, sino que también funciona como garante de todo el sistema financiero del gobierno.

En vista de esto, es apenas extraño que exista una desconexión entre la política fiscal y la política del gasto. El político no se preocupa más que lo que el falsificador se preocupa por el pago de sus facturas. Saben que el dinero va a estar ahí cuando lo necesiten. Esto no sólo es mala política en general, sino que es además una tentación pecaminosa para la clase política. Es demasiado pedir a una persona cualquiera que sea disciplinada económicamente si tiene la capacidad de crear, de la nada, todo el dinero que requiera.

¿Cuál es el aspecto negativo de este tipo de régimen? Las facturas son pagadas, en última instancia, por usted y por mí en forma de incrementos en el precio de bienes y servicios. Para aterrizar el concepto, imagínese que el valor del dinero es como la limonada: mientras más agua le añada a una cantidad fija de jugo de limón, más débil se vuelve. Tendemos a pensar que la inflación es el alza en el precio de las cosas, pero en realidad la inflación no es más que una disminución del poder adquisitivo de la moneda en sí misma.

Hay otras consecuencias, también. La forma como la Reserva Federal crea dinero implica la manipulación de las tasas de interés. Pero la tasa de interés de mercado sirve para un propósito. Cuando sube, premia al ahorrador y desalienta al prestatario. Cuando baja, el consumo y la gastos de inversión reciben un subsidio. Cuando la Reserva Federal alimenta el deseo popular por tasas de interés bajas, está inyectando dinero recién creado al sistema en forma tal que causa burbujas de inversión. Estas burbujas pueden ser síntoma de un problema mayor, a saber, del ciclo económico.

Quienes son aficionados a estudiar la historia sabrán que el actual sistema monetario tiene características realmente sin precedentes en la historia de Estados Unidos. El dólar está respaldado solamente por una promesa del Estado. No hay oro o plata o cualquier otra cosa que respalde ese documento. El papel en su billetera tampoco es convertible a otra unidad monetaria sino, a más papel.

“No es difícil de entender si pensamos en cómo se comportaría un bandido en posesión de una máquina para falsificar billetes”

 

El sistema existente tiene ahora unos 35 años, y comenzó después que Richard Nixon se negó a cambiar a los extranjeros sus dólares por oro. Ese fue el final del patrón oro. Con esa acción, se inauguró la nueva era del papel moneda – y desde entonces, la tasa de inflación, las fuertes oscilaciones en la actividad empresarial, y el crecimiento del gobierno, han estado completamente fuera de control. Fue una decisión desastrosa, culminación no tan sorprendente de un largo proceso de destrucción monetaria que se inició poco antes de la Primera Guerra Mundial, cuando se creó la Reserva Federal.

¿Cómo podría funcionar el dinero en un mundo perfecto? Tenemos que mirar atrás, a épocas anteriores y ver que los bancos centrales no eran necesarios. La banca, como cualquier otra empresa, como cualquier institución del mercado, puede manejarse igual que la industria del calzado o la del café. El dinero no tiene por qué ser de papel, que puede ser reproducido indefinidamente. Puede volver a ser el oro y la plata, que tienen un suministro fijo. Cuando el gobierno quiera gastar dinero, no tendrá más remedio que convencer a la gente que entregue más dinero. La ciudadanía, bajo estas condiciones, tiende a prestar más atención a lo que sus líderes están planeando.

Con dinero contante y sonante, y sin ningún banco central, el debate sobre el futuro de nuestro país tendrá un nuevo significado. Los políticos tendrán límites – lo mismo que cualquier persona. Tendremos un mundo más pacífico, sin duda, con mucha menos injerencia política dentro y fuera del país. En realidad deberíamos empezar a tomar en serio los asuntos públicos.

Jeffrey Tucker es el editor de Mises.org. Enviarle un email.  Comentar sobre el blog.

Este artículo originalmente se publicó en InsideCatholic.com.

 

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Seguidor del gran Filósofo Libertario el Dr Hans-Hermann Hoppe
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